domingo, 19 de julio de 2015

Cosas de Historia.
Tomado de: Cubanálisis El Think-Tank 
LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA CUBA REVOLUCIONARIA (PARTE 1 DE 3)

I.- ESTABLECIMIENTO Y CONSOLIDACIÓN DEL TOTALITARISMO

La victoria revolucionaria contra Fulgencio Batista en enero de 1959, instauró en el poder a los guerrilleros del Movimiento 26 de Julio bajo la dirección de Fidel Castro y rebasó ampliamente los límites de Cuba, no solo traumatizando al continente latinoamericano y su viejo diferendo con Washington, sino entronizando un catalítico de extremismo revolucionario en las relaciones globales. Castro, cuidado celosamente por una pequeña columna guerrillera, se mantuvo en la Comandancia y raramente sostuvo una acción verdadera, pero al entrar en La Habana se vio ante una nación que se rendía al culto de un nuevo caudillo.

La revolución cubana irrumpe al escenario mundial precisamente en momentos en que se producen cambios trascendentales en su configuración debido al enfrentamiento Este-Oeste, influyendo decisivamente en algunos acontecimientos y empantanándose en otros. Nunca en la historia contemporánea un país tan pequeño y magro en recursos  ha ejercido tal influencia internacional.

El castrismo no sólo es hijo del totalitarismo comunista, sino que tiene hondas raíces en el pasado republicano y colonial de la Isla. De no haber existido el marxismo y el bloque comunista, Castro hubiese impuesto un esquema de poder y de control económico muy semejante al hoy existente. El anti-norteamericanismo de Castro se origina en el rencor transmitido por su padre, soldado que sufrió la derrota militar de España a manos de Estados Unidos en la guerra hispanoamericana. Ese sentimiento se incubó en los miles de  inmigrantes españoles llegados a Cuba a principios del siglo XX y fue alimentado por las intervenciones e ingerencias norteamericanas en la joven república. Esos errores fueron sistemáticamente explotados desde los años 20 por la propaganda comunista para terminar bajo el castrismo como dogmas y razón de ser de la “Revolución.

Ya en el poder, Fidel Castro se sostuvo por sus jefes militares guerrilleros, mientras los miembros destacados en las actividades clandestinas urbanas fueron relegados a funciones subalternas. Estos, en su casi totalidad anticomunistas, pronto dejarían de considerar a Castro como su jefe, en especial tras el abrupto viraje en 1960.

Por su parte, el viejo Partido Comunista se había dedicado en la República a las luchas economicistas. Los viejos estalinistas cubanos, encabezados por Blas Roca, propugnaron un socialismo nacional y aislacionista que pudiera reducir al mínimo no sólo la colisión con Estados Unidos sino también la crisis económica interna. Estaban convencidos de que la clase obrera se impondría en el poder finalmente, y que resultaba absurda la impostación del nuevo orden social desde fuera con el foco guerrillero. De ahí la pugna entre los viejos comunistas, más bien pacifistas, y los guerrilleros castristas en el poder, agravada por el estigma de la efímera colaboración de los primeros con el dictador depuesto.

La Reforma Agraria

La rebelión anti-batistiana no fue un movimiento por reivindicaciones rurales y por eso, a pesar de sus promesas, a poco de iniciada, la Reforma Agraria empezó a afectar a muchos campesinos que abandonarían la revolución tan rápidamente como la habían apoyado. La revolución nunca se planteó un reparto de tierras a los jornaleros agrícolas, sino que abrazó la concepción estalinista de estatalización y proletarización rural.

La Reforma Agraria aprobada en mayo 1959 había expropiado todas las fincas superiores a 402 hectáreas y concedió a los arrendatarios y aparceros la propiedad de las parcelas en explotación hasta 26.8 hectáreas (2 caballerías). Al transformarse en 600 cooperativas muchos de los grandes latifundios cañeros, ganaderos y arroceros, el ejército de jornaleros rurales, el sector más pobre de la sociedad cubana, fue privado de adquirir tierras, aunque 150,000 de ellos fueron incorporados a las nuevas entidades, que demostraron cierta capacidad productiva. No obstante, en tres años, en octubre de 1963, Castro firmaba la 2ª. Ley de Reforma Agraria, que dejaba solo 66 hectáreas como tenencia máxima de tierra y marcaba el abandono de toda forma de propiedad privada o cooperativa en favor de la completa estatización del país. Con el INRA presidido por Carlos Rafael Rodriguez, en febrero de 1962 comenzó la disolución de las cooperativas cañeras, que definitivamente quedaronn convertidas en “granjas del pueblo” al terminar la zafra, y sus miembros pasaron a ser obreros agrícolas. 

Con las granjas estatales fracasó el intento de diversificar el agro al eliminarse producciones tradicionales de la ganadería y la caña de azúcar. Al lesionar al campesino medio, el mayor productor de alimentos del país, escasearon de inmediato renglones de primera necesidad: la merma en la producción agropecuaria y la afectación del consumo urbano llevarían a las finanzas, las inversiones, y el consumo a un punto muerto.

Los intermediarios fueron abolidos y los productores obligados a entregar volúmenes fijados por el estado, a precios muy inferiores. Los campesinos dejaron de entregar sus productos para venderlos en el mercado negro de las ciudades o a intermediarios ilegales. Para 1962, cuando los efectos negativos de la reforma agraria se hicieron sentir, se agotaron las reservas e inventarios financieros y materiales heredados de la República, los niveles de consumo se desplomaron y se impuso el racionamiento de víveres pocos meses después.

La transición hacia el nuevo sistema requería de una base agroindustrial muy fuerte y una infraestructura científico-técnica masiva que no existía, lo que precipitó el sistema hacia un bloqueo estructural de sus propios mecanismos, donde la simple estatizac­ión no aseguraba la irreversibilidad del socialismo.

El embargo norteamericano que se había iniciado en febrero de 1962 mediante Órdenes Ejecutivas del presidente Kennedy, comenzaba a desestabilizar una economía que dependía en su tecnología y comercio de los Estados Unidos, creándose un vacío que el campo socialista no pudo llenar con rapidez y calidad. Al evaporarse la disponibilidad de moneda convertible debido al despilfarro financiero, unido a la lentitud y distancias del nuevo mercado del bloque soviético, se impuso una restricción del consumo buscando recursos para sostener un plan de inversiones directas.

Castro apuntaló el monocultivo azucarero con los acuerdos soviéticos de 1963, el abandono de los intentos de industrialización, y los acuerdos  comerciales con el campo socialista: ahora el cultivo de la caña de azúcar financiaría el progreso. Necesitado de una gran disponibilidad de tierra, a causa de a baja productividad estatal, llevó a cabo el proceso de incautación rural de la 2da. Reforma Agraria que elevaría la propiedad de tierras estatales al 70% del total nacional.
La liquidación de la pequeña producción privada y la promoción del estatismo y el cooperativismo productor, con las medidas agrícolas de 1963, fue una política con el objetivo de quebrar los centros abastecedores de la oposición armada en las zonas rurales. Así, su estrategia por aniquilar toda base social y económica a una presunta oposición, asfixió a la pequeña producción privada. Castro jamás confiaría en los pequeños campesinos y no cejaría en ir reduciendo su número y áreas de producción.
La Habana versus Washington

El castrismo inaugura en este hemisferio la era del cuestionamiento a la vieja política injerencista de Estados Unidos, retomando frente a la URSS la "doctrina Monroe" que concedía la prerrogativa norteamericana a la intervención ante la intromisión de una potencia extra-continental. Una de las leyendas de la época es que Estados Unidos forzó a Castro a alinearse con los soviéticos, pero cuando triunfó la revolución en 1959 el Departamento de Estado  norteamericano se había  pronunciado a favor de Castro, quizás esperando por otro Batista. Castro, maniobrando hacia “el este”, buscó el apoyo soviético con el pretexto de liquidar al "imperialismo yanqui".

El esquema del mensaje pro-castrista en Occidente era que la revolución cubana se había desarrollado debido a las dificultades de orden económico y social en la Isla, y la ficción de que Cuba era un país subdesarrollado sometido al saqueo del imperialismo norteamericano. Hubo una fría e implacable lógica en la estrategia de Castro: una estrecha relación con Estados Unidos hubiera requerido que se amoldara a nociones de legalidad y gobierno constitucional, o por lo menos lo hubiera sometido a las presiones de que Washington aplicaba a los dictadores cubanos en situaciones críticas. Evidentemente, nada por el estilo vendría del Kremlin.

A fines de Octubre de 1959, estalló la crisis más violenta dentro del sistema; el periódico Revolución arreció sus ataques contra la vieja guardia estalinista que perdía todas las elecciones sindicales. En Camagüey, el comandante guerrillero Huber Matos denuncia la tendencia comunista que va adquiriendo la Revolución. Ello desencadenó una colisión dentro del gobierno que terminó con la expulsión de elementos demócratas, sumándole la compulsión para formar las milicias y el control sobre la prensa.

Las elecciones sindicales en aquel mes marcaron el choque con las tendencias no comunistas, opuestas a las maniobras de Castro de conceder carta blanca a los viejos marxistas en el control del movimiento obrero. La dirigenci­a sindical anticomunista perdió la batalla (David Salvador, Conrado Bécquer, José María Aguilera, Jesús Soto, José Pellón, Octavio Luit Cabrera). En los finales del año, hubo un choque violento y una huelga desatada por los obreros y el sindicato del sector eléctrico contra la administración interventora castrista, por mejoras salariales y sociales.

Otra institución que tenía que ser neutralizada era la Universidad. A principios de 1959, los estudiantes y profesores formaron una Comisión de Reforma Universitaria que organizó tribunales revolucionarios para purgar profesores, estudiantes y empleados que habían colaborado con Batista. La elección del Comandante Rolando Cubelas como Presidente de la FEU dio a Castro control parcial de la Universidad, que aún gozaba de la autonomía tradicional. El fin de la autonomía vino en diciembre de 1960, cuando el gobierno creó un Consejo Superior de Universidades, encabezado por el Ministro de Educación, para dirigir a las tres universidades estatales.

La ofensiva contra la Iglesia comenzó con toda su fuerza cuando ésta se opuso a la transformación de Cuba en una sociedad marxista-leninista. En marzo de 1960, el redactor de la revista católica La Quincena escribió, “La doctrina y práctica comunistas… merecen el repudio de cada hombre que ame la libertad, y deben ser erradicadas”. Dos meses después, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Pérez Serantes, divulgó una carta pastoral en la que declaraba que “No podemos seguir diciendo que el enemigo está a nuestras puertas, porque en realidad está adentro, hablando en alta voz, como si estuviera en su casa…El gran enemigo del cristianismo es el comunismo”. La denuncia más poderosa vino en una Circular Colectiva de los Obispos Católicos en agosto de 1960, diciendo que “El catolicismo y el comunismo corresponden a dos concepciones del hombre y del mundo que están totalmente opuestas, y que nunca pueden reconciliarse”. La reacción de Castro y sus aliados fue violenta.  Las turbas interrumpieron la lectura de la Circular en las iglesias.

El único programa de TV dirigido por las Organizaciones Nacionales Católicas, “Mensaje para Todos”, fue suspendido por las autoridades. El golpe decisivo contra la Iglesia Católica vino inmediatamente después de la invasión de Playa Girón en abril de 1961. Curas y monjas fueron puestos en arresto domiciliario, todas las asociaciones religiosas ocupadas militarmente y registradas, y fueron profanadas algunas iglesias. El Cardenal Arteaga pidió asilo en la Embajada de Argentina. El Primero de Mayo de 1961, Castro anunció la expulsión de todos los sacerdotes extranjeros y la nacionalización de todas las escuelas privadas, incluyendo las católicas.

Las Organizaciones de Masas.

La monopolización del poder por el grupo guerrillero y su transformación en partido marxista-leninista buscando la permanencia indefinida, se legitimarían mediante el narcisismo de su pasado de luchas elevado a mitología. Castro abrigaba dos propósitos: garantizar su poder unipersonal y consolidar el apoyo logístico soviético a través de los viejos bonzos estalinistas cubanos.

El totalitarismo tomaba cuerpo durante 1959 y se estructuraría después a partir de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI).

Los primeros esfuerzos de este tipo, de envergadura nacional, fueron la creación de las milicias y la Campaña de Alfabetización, que si bien conllevaba un objetivo altruista acarreaba todo un empeño de propaganda ideológica.

Las Milicias y el Ejército resultar­on el centro fundamental de adoctrinamiento político: se mantuvo por otras vías el papel tradicional de fuerza política que el ejército ha venido desempeñando en Latinoamérica.

En este período inicial, casi todos los organismos estatales existentes se ven forzados a estatalizar la propiedad, motivando transgresiones a las leyes e injusticias, y transformándose cada órgano en instancia de gobierno y cada funcionario en intérpre­te de la aplicación de leyes y normas. El Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), creado para implantar la reforma agraria se convirtió en un aparato de gobierno paralelo, una especie de Leviatán que controla­ba la agricultura, la producción azucarera, industrial e incluso amplias esferas de servicios.

Playa Girón y las ORI

Mucho se ha escrito del desembarco de una brigada de cubanos exiliados auspiciada por Estados Unidos en abril de 1961, después conocida como Bahía de Cochinos en Occidente y Playa Girón en Cuba. A raíz de la invasión se generalizó una de las olas represivas más gigantescas que recuerde la humanidad, la "Operación P": en esas horas, alrededor de doscientas mil personas fueron detenidas en una redada acción donde cayeron muchos dirigentes sindicales, técnicos, profesionales.

En ese mismo año 1961 estalló en la ciudad matancera de Cárdenas la protesta popular más masiva que se registra contra el régimen. Sus calles fueron escenario de manifestaciones con calderas y ollas vacías ante las restricciones impuestas al consumo. La protesta fue ahogada violentamente y la ciudad inundada con tropas, tanques, artillería y aviación.

La "Operación P” tuvo de saldo un masivo presidio político con más de treinta mil reclusos, campos de trabajo forzado como la UMAP, persecución a homosexuales, intelectuales, santeros, testigos de Jehová, y un terror generalizado a toda la población, que sobrecogida vio que el régimen no tenía fronteras para la represión.

Esta primera parte del proceso esta muy ligada a la estrategia de acceso, consolidación y transformación de la guerrilla en una élite de poder burocrático-militar. Estos pasos se concretan en una lucha feroz alrededor de la alineación con la URSS. El periódico Revolución, dirigido por Carlos Franqui, enfrentaría una lucha virulenta contra la vieja guardia estalini­sta y su ortodoxia. En julio de 1961 Castro formó las ORI, que asumirá las funciones de dirección política en toda la Isla: ahí se agruparon lo que restaba del Movimiento 26 de Julio y sectores del Directorio Revolucionario alrededor de los núcleos del viejo Partido Comunista.

En un polémico discurso de diciembre de 1961, Castro culmina su espectacular giro, al desplazar a veteranos guerrilleros y hacer equipo con los viejos comunistas, enterrando la revolución agraria al manifestar que el proceso cubano había sido y era proletario. Así, contrario a otras revoluciones donde el grupo original se transfigura en el partido del poder, Castro liquida la organización política que le dio el triunfo, el Movimiento 26 de Julio, e impone su potestad auxiliada por una fracción minoritaria de sus guerrilleros y de los que conforman el clandestinaje urbano, a los que integra a las ORI.

Pero al mismo tiempo destruyó el Partido Comunista y creó su propio partido fidelista, al que llamó “comunista” para enfrentarse a los Estados Unidos y obtener respaldo y poder de la Unión Soviética. La confrontación entre estalinismo y desestalinización, que comenzaba a desgarrar el bloque soviético, halla de inmediato interlocut­ores en Cuba. La vieja guardia comunista atrincherada en las ORI, la revista Cuba Socialista, el periódico Hoy y las famosas Escuelas de Instrucción Revolucio­narias (EIR) simbolizaban la tendencia estalinista.

Esta tendencia perdería su predominio poco después de los primeros años, aunque algunos de sus elementos prominentes retornaron a los primeros planos en la década de los setenta. Los nuevos marxistas, los guevaristas y elementos procedentes de la lucha antibatistiana, teñidos con un vago socialismo, hallan su modo de expresión en el diario Revolución, la revista Nuestra Industria, los ministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior.

La resistencia campesina

Como se ha señalado, en 1962 se empezó a aplicar una nueva estrategia en la agricultura encaminada a ampliar el sector estatal, presionando a los doscientos mil campesinos privados a unirse a las organizaciones económicas estatales. El gobierno comenzó a confiscar las tierras de aquellos que no vendían al estado, siendo  los casos más representativos en las provincias de Matanzas y Las Villas, cuyas producciones fundament­ales se enviaban a La Habana. Así, se fomentaría la oposición armada campesina o simplemente la contracción de la producción privada a niveles de autoconsumo familiar.

Los levantamientos anticastristas que se producirían en estos primeros tiempos, no exentos de injustificables excesos y crímenes, contaron con el beneplácito de las capas rurales más pobres, temerosas de un minotauro estatal que las iba regulando y controlando cada vez más. Puede decirse que los alzamientos anticastristas del Escambray sería el único movimiento político organizado de los campesinos cubanos en el siglo XX, pues la lucha contra Machado fue un movimiento urbano, y la revolución contra Fulgencio Batista resultó un movimiento de la clase media, con un tibio apoyo campesino fuera de la Sierra Maestra.

La guerra civil campesina, definida por el régimen como Lucha contra Bandidos (LCB),  en su etapa más aguda 1960‑1963, provocó la contracción de la producción agrícola y mantuvo en precario la alimentación de las ciudades. Los fusilamientos sin juicios, abusos, torturas e injusticias cometidas por el régimen en las provincias centrales, durante la "Limpia del Escambray" liquidó todo apoyo al gobierno de la población en la zona.

De no ser por la represión organizada y la ayuda bélica recibida de la Unión Soviética, el régimen hubiese naufragado en estos primeros años. Como expresaría acertadamente Franqui años más tarde: "el Escambray no fue organizado por la CIA. Fue un alzamiento interno, donde se confundían revolucionarios perseguidos, rebeldes y campesinos, perseguidos por comunistas y Seguridad, aventureros y gente afectada por la revolución".

La crisis de los cohetes

En febrero de 1960 arriba a La Habana el vicepremier soviético Anastas Mikoyán, hecho que marcaría un corte en el desarrollo del proceso, al acelerar Castro su cometido con la Unión Soviética. La etapa siguiente de nacionalizaciones, se hallaba ya contenida en la proyección política anterior, de vocación anti norteamericana y totalitaria.

La declaración de Castro como marxista leninista a fines de 1961 coincide con  está presencia soviética, a partir de la cual la subversión exterior cobra interés político y estratégico. En 1961, agentes de la KGB arriban a Cuba, para supervisar y reorganizar la inteligencia. La victoria que logra Castro en Bahía de Cochinos le ayuda a estabilizar­se más firmemente y le provee de mayor valor a los ojos del bloque soviético. El castrismo se debate en su disenso con Estados Unidos, las marchas y contramarchas con respecto a la URSS, y la subversión general de la América Latina

El premier sovietico Nikita Jruschov  concibe la posibilidad de solventar la falta de bombarderos atómicos de largo alcance y "misiles" intercontinentales (ICBM) y decide instalar en Cuba sus cohetes nucleares tácticos. Jruschov pensaba que podía lograr una ventaja nuclear instantánea sobre los Estados Unidos, instalando los cohetes de largo alcance en Cuba. Sólo que los servicios secretos norteamericanos contaban con un elemento técnico que les posibilitó detectar la instalación de los cohetes y obtener superioridad de información en toda la crisis: el reconocimiento fotográfico aéreo utilizando los aviones espías U-2.
  
En junio de 1962, Che Guevara y Raúl Castro firman en Moscu un tratado secreto con  para reforzar las fuerzas armadas cubanas y emplazar los cohetes nucleares de alcance medio en la Isla. Tras esta visita, alrededor de 21 buques soviéticos atracan secretamente en Cuba, entre julio y agosto, descargando equipos de guerra de enormes dimensiones, componentes electrónicos sofisticados y sistemas de radares. Por otro lado, se recibían evidencias desde dentro de la Isla del arribo de unidades de combate soviéticas que eran acantonadas en diversos puntos de la isla de forma secreta y aisladas de la población.

Para septiembre, los soviéticos se hallan envueltos en la construcción de los sitios donde serían emplazados los cohetes intercontinentales en las localidades de Guanajay y Remedios, y la de los cohetes de mediano alcance en San Cristóbal y Sagua la Grande. El día 13 de septiembre la CIA vuelve a alertar a la administración Kennedy de que las construcciones en proceso en Cuba eran el preludio para el emplazamiento de cohetes atómicos que luego de instalados resultaría muy difícil su remoción.

Los vuelos de espionaje del U-2 se efectuaron con éxito sobre Cuba entre el 26 de septiembre y el 7 de octubre. El 14 de octubre de 1962, los aviones U-2 de espionaje norteamericanos tomaron fotos de la instalación de cohetes de alcance medio, con ojivas nucleares, en territorio de Cuba. El día 13 de octubre, las baterías antiaéreas cubanas, cumpliendo órdenes directas de Castro, derriban el U-2 espía que pilotaba Rudolf Anderson a lo que siguieron horas de febril preparación norteamericana para un inminente asalto aéreo y terrestre.

El 22 de octubre, horas antes de que el presidente Kennedy hiciera una alocución pública denunciando la presencia de armas ofensivas en Cuba, el secretario de estado Rusk se entrevistaba con el embajador soviético. El presidente Kennedy anunció la imposición de una cuarentena naval a Cuba sobre todo de equipo militar ofensivo; la vigilancia aérea continua; la preparación de las fuerzas armadas para cualquier eventualidad.

Asimismo, el presidente Kennedy solicitó una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Finalmente el presidente Kennedy se dirigió al presidente del Consejo de Ministros soviético, Jruschov para que detuviese y eliminase la amenaza a la paz mundial. Al día siguiente, el embajador norteamericano ante la ONU, Adlai Stevenson presentó las pruebas de la instalación en Cuba de los cohetes ofensivos.

U Thant, secretario de la ONU, reclamó de el presidente Kennedy el cese del bloque y del premier Jruschov el cambio de rumbo de todos los barcos en ruta hacia Cuba. Jruschov respondió a U Thant proponiendo una reunión cumbre y anuncia que suspenderá el envío de armas a Cuba si los Estados Unidos levantaban su bloqueo naval. La Habana mantenía la posición pública de que las armas instaladas en Cuba eran defensivas.

Al día siguiente, un abatido Jruschov propone iniciar la negociación del retiro de los cohetes nucleares y los bombarderos Il-28 de la Isla a cambio de instalaciones norteamericanas cercanas a la Unión Soviética, en especial la remoción de los cohetes estratégicos nucleares Júpiter que en 1959 habían sido emplazados en Turquía, el flanco sur europeo, y que enfilaban hacia la profundidad de la masa contine­ntal de Eurásia.

Como resultado de la Crisis de los Cohetes, el prestigio de Castro sufre un rudo golpe, especialmente ante los No-alineados, al evidenciarse el papel de su régimen como dependencia militar de una superpotencia, y por la forma en que  manejó públicamente tal aprieto sin contar con Cuba. Países como Ghana, India e Indonesia demandan la inspección in situ del desmantelamiento nuclear, pero un Castro enfurecido les acusa de pro‑imperialistas; su larga y tirante negociación con el soviético Mikoyán termina con la aceptación del acuerdo secreto Jruschov-Kennedy, que prohibe las activida­des subversivas cubanas en América Latina.

Cultura y Revolución

Para producir más “literatura revolucionaria”, el gobierno cubano impulsó la creación de una red de casas editoriales: la Imprenta Nacional, inaugurada en 1959 con la publicación de 100,000 ejemplares de Don Quijote, pronto se dedicó a ediciones masivas del libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, y libros de Máximo Gorki, Aníbal Ponce, Bertold Brech y otros.

Los primeros funcionarios de cultura, algunos provenientes de la vieja guardia marxista, como Edith García Buchaca, Mirta Aguirre, Marta Arjona, Mariano Rodríguez, Alfredo Guevara, Julio García Espinosa, Raquel y Vicente Revuelta, Manuel Duchesne Cuzán, y Carlos Fariñas, trataron de conformar un arte populista, basándose en el cartel político, el muralismo y las vallas. El documental igualmente pasó a ocupar un papel central con Santiago Álvarez.

Se fundaron la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y las brigadas de jóvenes creadores "Hermanos Saíz", con el fin de adoctrinarles en la original ideología. De la misma forma, se estableció la cadena nacional de radio y televisión, y en 1961, se instituyeron el Consejo Nacional de Cultura y la Escuela Nacional de Arte.

Durante tres viernes consecutivos en junio de 1961 se reunieron unas 100 figuras de la cultura y la política en la Biblioteca Nacional. El gobierno estuvo representado por Fidel Castro, el entonces Presidente Osvaldo Dorticós, el Ministro de Educación Armando Hart y otras personalidades como el “viejo” comunista Carlos Rafael Rodríguez. Castro pronunció su famoso discurso “Palabras a los Intelectuales”. Dijo que las discusiones habían girado alrededor del “problema fundamental… de la libertad artística creadora”. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que la forma debía ser respetada. El asunto esencial, dijo, era la libertad de contenido. Entonces estableció la norma usada para juzgar lo que se permitía y lo que se prohibía: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”.

En el subconsciente de la vanguardia guerrillera cubana yacía el complejo de su incultura, y Castro delineó las prioridades intelectuales al ubicar la gesta bélica por encima de la obra artística, cerrando el camino político a los intelectuales.


II.- EL SOCIALISMO HEREJE (A LO CUBANO)

La polémica de los modelos

Producto del desconocimiento de la mecánica económica del país, de su comercio internacional y escasez de recursos financi­eros, la dirigencia de la Revolución pensó alcanzar rápidamente la autosuficiencia económica.. Este error se pagaría con creces y llevó al país a una vorágine de crisis de la cual nunca ha podido substraerse. La dirigencia titubeaba ante el tipo de modelo económico a aplicar para la transición al socialismo.

Existían dos criterios en la alta burocracia castrista sobre el tema: el de los viejos estalinistas y el de los guevari­stas. Los viejos marxistas cubanos defendían que los estímulos materiales y la autogestión financiera lograrían la modernización de la agricultura y la industria. "Che" Guevara, secundado en silencio por Castro, promovía la formula del factor conciencia, los estímulos morales y el trabajo voluntario, esperando que la sociedad pudiera retribuir el trabajo excedente otorgado por el obrero.

Si bien Castro se salvó de una guerra de grupos al deshacerse del Che y suprimir la micro-fracción estalinista de Escalante, una seria turbonada se originaría desde la esfera intelectual. El debate sobre la desestalinización y su corriente de reforma y apertura se trasladó de la cúpula a los intelectuales y la nueva tecnocracia, dando lugar poco después a una disidencia de izquierda: trotskista, anarquista, o social demócrata.

El concepto guevarista del “hombre nuevo” tenía más en común con los desusados exordios escolásticos del medioevo monacal que con la energía atómica y los avances de la ciencia. Las restricciones del consumo, el sacrificio sin límites para construir el futuro luminoso de las siguientes generaciones y la distribución igualitaria, se circunscribían a los productores; con respecto a los dirigentes, seguirían en posesión de sus privile­gios manipulando la plusvalía social.

Al eliminarse el mercado de fuerza de trabajo sustituído por la asignación estatal, se implementó el trabajo compulsivo. Al subordinarse la gestión económica a objetiv­os políticos, se conformó un modelo económico no-rentable que frenó cualquier propósito de desarrollo.

La industrialización, que previó inversion­es para el período 1960‑1965 por mil millones de pesos, no trajo crecimiento. Ese proceso, preconizado por Che Guevara, no partía de un plan o una idea coherente, sino del concepto simplista de importar industrias que suplantaran importacion­es. Así se inició entonces el penoso camino hacia una descomunal acumulación primitiva de capital, que agotó las fuerzas esenciales y gestoras de la Revolución, en medio del caos social y de consumo, y de las limitantes en calificación técnica y económica de la élite.

A medida que el estado burocrático imponía metas y sacrificios descendía en flecha la productividad del trabajo. Pronto se abandonó el esquema  de lograr un país auto suficiente y económicamente dinámico por medio de la agroindust­ria moderna. Los intentos de industrialización chocaron con los deseos soviéticos de que Cuba se transformase en la azucarera del bloque socialista, lo que no sólo mantuvo el esquema agrícola, sino que lo profundizó en medio de la ineficiencia. El castro‑guevarismo se convirtió en una variante de la teoría de la "revolución permanente", al considerar que el país no contaba con los medios para un desarrollo económico autosuficiente.

El sectarismo

Castro nunca se convirtió en comunista: encontró y adaptó una ideología, pero el comunismo cuartelario impuesto, sumado al totalitari­smo, resultó en el amargo fracaso de la década del sesenta. Mientras buscaba atenuar los conflictos y crisis internas a través de la expansión armada de su régimen, la lucha de grupos dentro de la maquinaria estatal se disfrazaría con la ideología marxista. Pese a que ya se había extendido el proceso conformista entre las masas populares y se había solidif­icado la hegemonía de Fidel Castro, la revolución había presentado más de un intérprete y matices. Hasta 1963‑1964, primero Aníbal Escalante (foto, de pie) y luego Che Guevara presentaron posiciones propias desde las filas del poder. 

En 1961‑1962 el proceso de estalinización institucional que llevó a cabo Aníbal Escalante, como secretario de organización de las ORI, se produjo con tal fuerza y rapidez, que al año siguiente Castro llevó a cabo un virulento ataque  contra él y sus seguidores acusándoles de “sectarismo”, temiendo que la consolidación de un grupo con fuertes vínculos con la Unión Soviética, se proyectase a largo plazo como alternativa e incluso pudiera suplantarle en su papel de líder. 

Tras propinar el golpe a Escalante y desmontar el aparato de las ORI, Castro creó el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) e inició la etapa de los guerrilleros en el poder del Partido y el Estado. Hasta la constitución del Partido Comunista en 1965,  el estado asumiría funciones políticas. A partir de entonces, poco variaría la composición general de la nueva clase y del Partido.

El caso Marquitos

La creación del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) no detuvo la ojeriza de los guerrilleros con los militantes del antiguo P.S.P, ni de estos con el poder personal bonapartista, y hubo una sucesión constante de calamidades, peligros y crisis que finalizaron cuando Castro quedó como árbitro absoluto entre las facciones.

Entre 1963‑1965 se produjo la brusca detención del impulso revolucionario y espontáneo en los estratos dirigidos y dirigentes. Las huelgas del presidio político y el agotamiento del régimen tras la sangrienta lucha contra la oposición armada interna incrementaron la represión. Tal crisis no fue definitiva para el régimen, puesto que los principales opositores se hallaban en el presido, las organizaciones anti-castristas del exilio se habían fraccionado, las masas se hundieron en la frustración y la supervivencia, y la juventu­d, estrechamente regimentada, fue incapaz de traspasar el comentario crítico al sistema.

Cuba apuntaló el monocultivo, el modelo de financiación presupuestada, y el abandono de los intentos de industrialización. El igualitarismo que generalizaba los bajos niveles de vida, era propuesto como "justiciero" por la vanguardia profesional, que se creía en posesión de una teoría perfecta, y trataría de identificar el destino de la nación con el suyo. El estado burocrático-militar castrista iría reproduciendo una aristocracia política guerrillera, distanciada de los productores e inmune a los preceptos coercitivos, aislada de la población y del exterior, para evitar la contaminación de ideas extrañas.

En 1963‑64 las corrientes marxistas cubanas en favor de la desestalinización habían servido a Castro para eliminar el peligro político del "anibalismo". A comienzos de 1964 comenzó el juicio contra Marcos Rodríguez, un militante del Partido Socialista Popular acusado de delatar a un grupo de asaltantes al Palacio Presidencial en 1957, que fue cercado y asesinado (Joe Westbrook, uno de los asesinados, a la izquierda en esta foto junto a Faure Chomón). Durante el juicio se sugirió que el delator había recibido encubrimiento de altos jerarcas del antiguo partido, conocedores de su delito.

El 26 de marzo de 1964, Castro testificó en el juicio. El "affaire Marquitos" había desatado una vez más una profunda crisis y divergencias en el seno de la dirigencia, sobre todo entre antiguos integrantes del Directorio Revolucionario y el viejo partido comunista, acusado de colaboración conciente con el batistato.

El proceso demostró que las organizaciones antibatistianas aun funcionaban como grupos dentro de la revolución y mantenían rivalidades y vigilancia entre sí. Ante el peligro de división, Castro evita el choque entre estos dos grupos y, tras criticar a la vieja guardia estalinista ordena el fusilamiento del delator Marcos Rodríguez, complaciendo a los miembros del Directorio Revolucionario, aunque sin hundir al PSP. Pero a partir de entonces el Directorio sería apartado de los resortes más importantes del poder.

La élite

Sin oposición interna y tras haber debilitado a los viejos comunistas, Castro lanzó en octubre de 1965 la fundación de "su" Partido Comunista cubano, con una plataforma política que respondía más a su personalidad y acción, y a la hegemonía de su facción, que a las ordenanzas de la central moscovita. Ese nuevo Partido Comunista, ensayado en el PURSC, se abrogó el derecho de representar y regir el pensamiento marxista en Cuba, monopolizado hasta aquel momento por los estalinistas. La selección del comité central y sus órganos se realizó en base a “méritos históricos”, y como la escala de valores considera­ba la lucha guerrillera rural (especialmente en La Sierra Maestra y el Segundo Frente Oriental) más importante que el movimiento urbano clandes­tino, el núcleo rector lo integraron  los jefes guerrilleros del M-27-7, que comandara Fidel Castro. 

A partir de ahí se debilitaron las instituciones y los jefes del Partido, conjuntamente con los del Ejército, lograron sobrepasar a la administración. Aquel mismo año, se desactivaron los periódicos del Movimiento 26 de Julio, Revolución, que dirigía Carlos Franqui, y el diario de los viejos comunistas, Hoy, sustituídos por el rotativo Granma.  De 1965 a 1967 la élite del poder adquiere su razón de ser y estilo definitivo; se reclutan entre los viejos guerrilleros, los directivos del Estado , de las empresas, del partido y del ejército. Pero, más que la hegemonía de un solo partido (el Partido Comunista Cubano) este proceso produjo la hegemonía de una sola facción, la castrista, que tenía como propósito principal garantízar la preservación del poder personal de su líder y autoperpetuarse en el poder.

Los militantes de fila encuadrados en el partido y juventud comunista, según su lealtad al régimen, serían promovidos como cuadros ejecutivos  de la nación, el Estado y la economía hasta niveles intermedios; los simpatizantes fueron asimilados por las organizaciones de masas como los comités de defensa, la federación de mujeres, y los sindicatos como escalón para su posible membresía en las organizaciones políticas.

Una élite burocrática, masculina, blanca, insensible a la represión y las privaciones monopolizaría el poder a nombre de una supuesta profecía histórica. A veces Castro seleccionaba entre ellos chivos expiatorios de sus fracasos, como hizo con Orlando Borrego, Osvaldo Dorticós (foto), Carlos Rafael Rodríguez, Humberto Pérez, y Arnaldo Ochoa. La figura del Comandante sería temida e idolatrada por el grupúsculo de la élite, mientras su poderoso dispositivo propagandístico alentaría una atmósfera de agradecimiento a su persona, de lealtad suprema, que podía ser recompensada con cargos y prebendas.

La lucha contra el burocratismo

El reflujo del movimiento revolucionario con respecto a las clases productoras era evidente en 1965‑1967, años en que se llega a la cima de la curva, tanto en política externa como en economía. Los elementos de esta crisis estallan entre  1967 y 1968, de extrema vulnerabilidad política y de violentos choques intestinos, donde estaba en tela de juicio el rumbo del castrismo. Como telón de fondo están la agudización del cisma sino-soviético, la guerra de Vietnam y el inicio del mito del “Guerrillero Heroico”.

El descenso estuvo condicionado por el enfrentamiento de los castristas, ahora imbuidos de “guevarismo”, y los estalinistas que conformarían una micro-fracción liderada por Aníbal Escalante.

Castro quebró el espinazo de la naciente tecno-burocracia, desmanteló la institucionalización al entronizar el criterio de construcción simultánea del socialismo y del comunismo, desencadenó la llamada ofensiva revolucionaria, la ética moralizante, y las movilizaciones agrícolas, dando un bandazo radical en medio de la crisis interna.

El aplastamiento de la "Primavera de Praga" marcó el fin de la desestalinización dentro de los países del bloque soviético y la fosilización del marxismo, cuyo rejuvenecimiento se intentaba desde las izquier­das independientes europeas.

El socialismo cubano había fracasado en toda la línea; la economía no salía de su grave crisis; la estrategia de la revolución permanente en el exterior y  el "foco" guerrillero guevarista habían fracasado estrepitosamente en el altiplano boliviano. Estados Unidos no mostraba interés en una reconciliación con el régimen. La Unión Soviética mostraba su irritación ante el socialismo cuartelario cubano, y China había engavetado a Fidel Castro al no lograr su alineación. Por otro lado, la débil respuesta del régimen ante la invasión norteamericana a Santo Domingo y su apoyo a la soviética en Checoslova­quia le había mermado la estima de las guerrillas latinoamericanas.

Para fines de los sesenta, la ofensiva antirreligiosa llegó hasta la prohibición de los permisos para las fiestas religiosas de santería y los plantes Abakuá. Se implantaron leyes y normas represivas contra la vagancia, los absentistas, la persecución a los homosexuales y su separación de actividades docentes, culturales y de dirección.  Se aplicaron medidas de un puritanismo ajeno a las costumbres de la población, como la clausura de los centros nocturnos, salones de baile, y venta y consumo de bebidas alcohólicas. La militancia del partido y la juventud comunista, siguiendo las consignas, fue compelida a dejar de fumar emulando la decisión personal del Comandante. Se vigilaba y cuidaba el adulterio entre los militantes, al punto que la policía efectuaría requisas en las "posadas" en busca de esposas infieles a miembros del partido, militares y miembros de la seguridad.

Esta doctrina castro-guevarista del Hombre Nuevo también se encuentra en las obras del "joven Marx" y en la propaganda del Nacional Socialismo. Los factores morales como palanca de estímulos abrazados por Castro, fueron además delineados por Mao Zedong que alababa a ese ejemplar perfecto como la piedra angular del despegue económico, sobre todo debido a que el "ethos" revolucionario y no la calificación técnica, es la condición suprema del cuadro dirigente. 

El régimen utilizaría el sistema de becas, los medios masivos de información, la música y prolongadas movilizaciones para el trabajo voluntario agrícola, para inculcar los  principios del “hombre nuevo”. Pero el resultado fue desalentador en extremo: el nuevo estilo de vida impuesto a lo que llevó fue al incremento de la delincuencia juvenil, y del mercado negro, al descenso de los rendimient­os escolares, la elevación del ausentismo laboral y el recrudecimiento de la inestabilidad familiar.

Salón de Mayo y Congreso Cultural de La Habana

Desde las universidades, y grupos teatrales, en obras literarias clandestinas, en lienzos y en poemas, una parte de la joven intelectualidad se rebelaría ante una revolución petrificada en el populismo y secuestrada por la burocracia militar castrista. Ante la disidencia latente, el estado estableció entre 1965 y 1972 un riguroso control en la cultura, desconociendo los derechos de autor, liquidando las individualidades rebeldes, y las tendencias culturales sospechosas.

En 1965 se desata la campaña contra la dolce vita, supuestamente para moralizar el aparato de dirección, en realidad para acallar las críticas ante la vida de escándalos de altos funcionarios del régimen. Al mismo tiempo tiene lugar la primera gran cacería oficial de intelectuales y homosexuales que van a parar a los campamentos de trabajo forzado, las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP). La publicación de la UNEAC, La Gaceta de Cuba, le declaraba la guerra a la editorial El Puente, que por esa época reunía a un grupo de poetas mirados como tibios ante la revolución.

El escritor Jesús Díaz, laureado con el premio Casa de las Américas y entonces profesor de filosofía, fundador del semanario El Caimán Barbudo junto a Víctor Casáus, promovió el debate matriz acerca de cómo enfocar la misión del escritor y el artista en el proceso de transformaciones revolucionarias. En su polémica con el versador Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), al cual tildó de populista, Díaz abogó por la pureza de la literatura revolucionaria, concepto que explicó en la revista Bohemia, un su artículo Para una cultura militante, estableciendo que en Cuba, el arte con perspectivas era sólo el de la Revolución, y haciendo uso de la interpretación marxista del fenómeno de la cultura, precisaba que las obras de arte eran sólo una género particular de producción, un trabajo concreto.

De forma aparentemente contradictoria, la represión y los intentos de proletarizar a la intelectualidad, coincidían con un “boom” de libros y películas no convencionales. Por ejemplo, Memorias del subdesarrollo (Edmundo Desnoes, 1965)  fue más una novela existencialista que de realismo socialista. Más notable aún fue la abundancia de películas contestatarias en La Habana de 1966 a 1968, como la británica ¡Morgan! que hacía burla de Karl Marx y el Partido Comunista de Gran Bretaña y describía la perforación con una pica del cráneo de Trotski por un asesino explícitamente identificado como un agente que actuaba por órdenes de Stalin.

La oposición a la ortodoxia cultural al estilo soviético culminó en una exhibición de arte vanguardista llamada Salón de Mayo (Salon de Mai), trasladada de París a La Habana bajo la dirección de Carlos Franqui en junio de 1967, y el Congreso Cultural de La Habana en enero de 1968. Esta fue la época en que Cuba y la Unión Soviética estaban en desacuerdo sobre temas como la estrategia revolucionaria en América Latina y la herejía del Comandante de querer construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo. Por eso Castro eligió hacer alarde de su desafío a Moscú para incrementar su prestigio entre la Nueva Izquierda en los países occidentales. En este sentido, tanto el Salón de Mayo como el Congreso Cultural de La Habana fueron espectáculos propagandísticos para consumo en el extranjero.

Incluso el Congreso Cultural de La Habana, que se suponía representara el punto más elevado de “tolerancia” a mediados de los 60, produjo una Declaración General que llamaba a los escritores a luchar contra el “colonialismo cultural” a través de la “lucha armada” (si era necesario) y a emprender “una revolución real en la cultura” que diera lugar al nacimiento del Hombre Nuevo. Literatura, arte, ciencia, cada una se convertiría en un “arma de lucha” en manos de la “vanguardia cultural”.  El Congreso concluyó nada más y nada menos que el trabajo intelectual no podía existir separado y opuesto al trabajo físico, ni como una categoría privilegiada y que el progreso de la conciencia comunista impedía la mercantilización de la creación artística.

La construcción simultánea del socialismo y el comunismo

El castrismo estimaba que la sociedad cubana podía marchar y crecer aislada de la comunidad económica internacional, y que el tránsito al socialismo se aceleraba mediante la aplicación del comunismo de guerra, a través de una acumulación originaria agraria, descans­ando en el impulso supremo de la industria azucarera y en la militarización de todo el aparato del estado.

En la estrategia disparatada de la construcción simultánea del socialismo y el comunismo, el castrismo consideraba que tras la estatización de toda la economía tal salto era factible, mediante la combinación de la supuesta elevada productividad del Hombre Nuevo socialista (estímulos morales), y el estilo de dirección militar. Por eso, era la conciencia y no la técnica lo que había que desarrollar primero. Las administraciones desconocerían los resultados individuales en el trabajo, regulados entonces por el factor conciencia; importaba el número de horas laboradas y el volumen de producción, no así la productividad o la rentabilidad.

El período de la construcción simultánea impuso la congelación salarial extendiendo la jornada extra-laboral voluntaria por encima de las diez horas diarias, aunque tal norma sólo pudo lograrse ejerciendo una coerción extraeconómica sobre los producto­res mediante la compulsión política, la obligatoriedad del trabajo, el empleo forzado de la extensa población penal en proyectos económicos, y el ineludible plan estudio-trabajo para los estudiantes.

En medio de una economía de guerra y una extrema dependencia tecnológica, militar, financiera y comercial a la Unión Soviética, se desató la lucha contra el burocratismo, que en esencia era la eliminación de los aparatos económicos y contables, y la “ofensiva revoluciona­ria” de 1968 contra los pequeños productores y comerciantes privados, liquidándose las relaciones comerciales y contractuales entre el estado y los productor­es privados, tanto agrícolas como urbanos.

En julio de 1968 Castro expresó que el dinero paulatinamente iría perdiendo su utilidad a medida que se ofrecieran gratis los servicios y demás funciones sociales y públicas (medicinas, libros, asistencia médica, educación, espectáculos deportivos y culturales), a lo que seguirían los productos alimenticios, el calzado y la vestimenta, liberándose la libreta de racionamiento hasta que la “distribución comunista” fuese total. El dinero comenzó a perder su valor de cambio provocando la regresión de una economía de mercado a una producción de subsist­encia, especialmente en el medio rural.

La construcción simultánea, además de un terrible experimento social fue un paliativo para camuflar la catástrofe productiva, de consumo y la inflación que sufría el país. Los estímulos morales nunca lograron los resultados esperados. La proclamación de una esfera gratuita de distribución, no se produjo por incremento económico, sino por desvío de recursos de otros sectores financiados por el trabajo voluntario, los altos precios a un grupo selecto de productos y actividades de recreación.

La militarización de la sociedad

Como consecuencia de las leyes sobre la vagancia, el ausentismo y las llegadas tardes, los organis­mos creados para dirimir los litigios laborales y las direcciones sindicales, se convirtieron en meros apéndices de las administraciones. La Ley contra la Vagancia, que rememoraba legislaciones isabelinas sobre los vagabundos, puesta en función en abril de 1971, consideraba hasta prisión de cinco años a elementos antisociales reincidentes en no trabajar.

Al establecer la prioridad del desarrollo económico hacia las zonas rurales, el castrismo afectó las concentraciones urbanas, especialmente los focos obreros. El trabajo voluntari­o y las granjas de trabajo forzado se transformaron en un elemento de producción necesario. La fuerza de trabajo bajo el régimen voluntario y en muchos aspectos de la economía, estaría encuadrada a la disciplina cuartelaria, mientras las fuerzas armadas y las becas escolares proveerían también fuerza laboral a la economía.

El servicio militar obligatorio y el sistema de becas tecnológicas se transformaron en reclutamiento de mano de obra con vistas a enfrentar labores agrícolas y de construcción. Su versión más extrema fueron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo forzado. Pero quedaría demostrado en toda su extensión que el trabajo compulsivo no resulta económicamente productivo.

La militarización del trabajo, junto al trabajo forzado, serían modalidades encubiertas aplicadas extensivamente. La maquinaria creada para las movilizaciones políticas y las militares fue usada también para movilizar fuerza de trabajo civil, especialmente en las recogidas y siembras agrícolas y la construcción.  En la agricultura se generalizaría la terminología militar: “puesto de mando, brigada, batallón, columna". Se organizó la fuerza de trabajo no calificada en columnas formaciones que eran trasladadas a las áreas y ramas económicas jerarquizada¬s. Así nació la Columna Juvenil del Centenario para las labores agrícolas; la Columna Ferroviaria, que asumiría la construcción de vías férreas; la Columna Juvenil del Mar, que prepararía futuros marinos. Según un estudio inédito del Ministerio de la Agricultura de 1978, los  reclusos y presos políticos se utilizaron en la agricultura y la construcción, supliendo en algunas provincias hasta el 15% de la fuerza de trabajo agrícola. (MINAG. Estudio. 1978, Inédito).

La constante fue la restricción del estudio de carreras universitarias de humanidades, gran parte de cuya matrícula se reservó a militantes del Partido, funcionarios, miembros del Ministerio del Interior y de las fuerzas armadas. Por mucho tiempo muchas carreras como filosofía, sociología, economía, y contabilidad, fueron abolidas. Hubo momentos, a finales de la década sesenta, que se manejó la intención de discutió integrar todo el estudio preuniversitario a las Fuerzas Armadas, como se había hecho con los estudios tecnológicos, dirigidos desde un viceministerio de educación técnico-militar. Castro llegó a plantear la disolución de los estudios universitarios regulares, para dejar solo los centros tecnológicos medios, cuyos graduados perfeccionarían su especialidad en su trabajo; así, toda la actividad productiva del país se convertiría en la universidad perfecta de la colectividad. Al efecto, proclamó en uno de sus discursos:

[…] y a propósito de esa desaparición de las universidades ¿que significa eso? El día en que sean cientos de miles de jóvenes los que arribaran ya a un nivel de conocimiento de preuniversitarios, graduados en los institutos tecnológicos; cuando sean cientos de miles, entonces, todos esos jóvenes, con una capacitación técnica, pasarán a las actividades productivas. (Granma. Diciembre 18 de 1966).

El castrismo

Con los años va a ir surgiendo una hornada de "jóvenes marxistas" que se forma en el antisovietismo resultante de la crisis de los Cohetes en 1962 y el diferendo chino-soviético, la utopía de una nueva ética individual y un "hombre nuevo". Son jóvenes que maduran con el descalabro del "Quijote guerrillero" y la ocupación soviética de Checoslovaquia. Para muchos en la nueva generación de izquierdistas cubanos, el prototipo de “revolucionario” será una amalgama de Daniel Cohn Bendit, León Trotsky, Sigmund Freud  y Alexander Solshenitzin: una especie de "anti-Castro"  

Fidel Castro, al igual que Lenin, era un fiel seguidor de los postulados maximalistas, que chocaban con las concepciones de una revolución democrática, liquidando el pluripartidismo e ilegalizando cualquier otra organización revolucionaria. Castro rechazó con brutalidad las corrientes internas antisoviéticas, trotskistas y anarquistas que pululaban en los centros universitarios e intelectuales. Su nueva estrategia agrarista no hizo caminar la maquina económica. El fracaso le precipitó a echar mano de otros elementos: definió su estrategia de despegue económico aprovechando la ventaja internacional que ofrece la especialización azucarera cubana, contando con utilizar el campo socialista para los aspectos básicos en sectores estratégicos, y complementar al mismo con tecnología de la Europa occidental.

La ofensiva revolucionaria

El año 1968 marcó el punto más represivo dentro del modelo de "construcción simultanea" del socialismo-comunismo,que recibió el nombre de “ofensiva revolucionaria”, con la incautación forzada de toda actividad privada urbana, por pequeña que fuese. Con el objeto de liquidar el capitalismo, se incautaron más de 50,000 negocios, propinándose un golpe mortal a la pequeña producción y al comercio minorista gestado por el pueblo, paralelo al estado, y ubicando a Cuba como el país comunista de más elevada estatización. Solamente en La Habana se cerraron 6,500 de estos comercios privados.

La campaña descansó en la falacia de que los individuos dedicados a estos negocios eran “elementos antisociales”, al igual que su "clientela", que explotaban al pueblo trabajador como parásitos. La paradoja era que aproximadamente la mitad de estos pequeños negocios privados había surgido en pleno socialismo, ante la deficiencia de la economía estatal, los servicios y la falta de flexibilidad e imaginación para resolver los pequeños problemas de la vida cotidiana.

La progresiva eliminación del dinero nunca quebró las relaciones mercantiles que el propio pueblo creó a través del enorme mercado negro y la vasta red de producción artesan­al clandestina, que redistribuía y reelaboraba, recupera­ndo los deshechos industriales.  El país vive hasta hoy con dos economías paralela­s, regidas cada una con sus leyes propias: la central planificada, regulada y racionada, y una economía de mercado solapada, generada por el propio pueblo -el mercado negro-, donde la oferta y demanda se auto-regulan perfectamente.

El Líder Máximo esperaba dar un salto económico con una zafra azucarera gigante de diez millones de toneladas de azúcar. El llamado “esfuerzo decisivo” consideraba consolidar al país como el primer exportador azucarero del mundo. Por una parte se trataba de competir con los principales productores cafetaleros del planeta, mediante el plan Cordón de La Habana;  y desbancar a Israel y África Norte con el cítrico de la otra isla cubana, la Isla de Pinos, y del sur de Matanzas.

La Unión Soviética había neutralizado la factibilidad de una alianza Castro‑Mao, y Cuba dependía cada vez más del trigo, el petróleo, el mercado azucarero, la información de inteligencia y el armamento soviético. Los años de la política industrialista, finalizaron con la estrategia agro-azucarera y la zafra gigante para 1970, y conformaron el momento de consolidación de la élite guerrillera castrista.

El Caso Padilla

A pesar de las presiones en contra, el 22 de octubre de 1968,  el jurado del premio de la Unión de Escritores y Artistas decidió por unanimidad otorgarle el premio de poesía a Heberto Padilla por el poemario Fuera del Juego. Días después, el comité ejecutivo de la UNEAC se reunía para debatir si publicaban el libro. También tenían que decidir qué hacer con la obra de Antón Arrufat Los siete contra Tebas, que había ganado el premio en teatro. Por órdenes de Fidel Castro, Fuera del Juego y Los siete contra Tebas fueron publicados por la UNEAC en noviembre de 1968, con un prefacio de la UNEAC, que señalaba que Padilla era un “reaccionario” cuyas actitudes eran “típicas del pensamiento más derechista”.

El asesinato moral público del poeta Padilla en 1968 inauguró un nivel de terror desconocido hasta entonces para los intelectuales.   Durante estos años, algunos de ellos  fueron obligados a hacer “confesiones” humillantes o fueron simplemente enviados a prisión. La cultura cubana fue politizada e incluso militarizada hasta un punto improcedente. Se exigió conformidad total; la única alternativa segura era mantenerse tranquilo y no hacer nada que pudiera llamar la atención.

Mientras tanto, el escritor Lisandro Otero decía en una reunión en octubre de 1968 que se le debía dar “una buena paliza a los contrarrevolucionarios que tratan de enarbolar los problemas checoslovacos”. La Primavera de Praga había sido aplastada poco antes por los tanques soviéticos. Otero dijo que el escritor debía ser “un soldado en la lucha ideológica”. La intolerancia de Castro se puso de manifiesto completamente y los intelectuales de la Nueva Izquierda que lo habían adulado descubrieron que habían estado rindiéndole culto a un tirano en vez de a un nuevo Mesías. Fue el Fin de un Romance.

Padilla seguía trabajando en una novela titulada En mi jardín pastan los héroes. El título solo era una referencia al culto de los héroes revolucionarios, incluido el propio Castro, a quien a sus espaldas le llamaban “El Caballo”. A las 7 AM del 20 de marzo de 1971, la Seguridad del Estado fue a casa de Padilla y lo arrestaron a él y a su esposa, la poetisa Belkis Cuza Malé. Registraron la casa y la policía encontró copias de la novela.

Cuando encarcelaron a Padilla en 1971 Cuba se sumió más profundamente en una “era de tinieblas” de la represión intelectual. A los escritores en la “lista negra” se les negó la publicación de sus textos o fueron acusados del nuevo delito de “propaganda enemiga” y recibieron duras sentencias de prisión. Después que fue creado el Ministerio de Cultura en 1976, muchos escritores fueron sacados de la “lista negra” pero no cambió la política cultural cubana. El gobierno continuó arrestando y condenando a prisión a periodistas, narradores, historiadores e incluso caricaturistas que fueron tildados de estar “contra la Revolución”.

En el gran circo preparado por la UNEAC en la noche del 27 de abril, pocas horas después de la liberación de Padilla, éste hizo una patética autocrítica en la cual llamó a sus argumentos “enfermos y negativos” y se llamó a sí mismo “estúpido… completamente venenoso… corrosivamente contrarrevolucionario”. Internacionalmente, el Caso Padilla fue una tremenda derrota para Castro, y el propio Padilla fue el máximo responsable por crearla.

El Congreso de Educación y Cultura

En abril de 1972 tuvo lugar el Primer Congreso de Educación y Cultura, donde hizo crisis el choque del gobierno con el malestar y la disidencia de los intelectuales que discrepaban de la política económica y el totalitarismo imperante. El Congreso sería la culminación del proceso desatado contra el grupo de intelectuales extranjeros solidarios con Padilla, como K. S. Karol, Dumont, Mario Vargas Llosa, Jorge Luís Borges, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar. De este grupo, sólo García Márquez restablecerá las paces con Castro.

El Congreso abrazó la ortodoxia estalin­ista respecto a la cultura, al punto que en su discurso de clausura Castro expresó que "por cuestión de principios, había algunos libros de los cuales no se debía publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página, ni una letra".

Castro aclaró ante la reunión con los intelectuales el derecho que asistía al gobierno a regular, revisar y fiscalizar las manifestaciones de tipo intelectual o artístico, por su importancia en cuanto a la educación del pueblo o a la formación ideológica. Impugnar este derecho de censura, plantearía Castro "sería incurrir en un problema de principios, porque negar esa facultad al gobierno revolucionario sería negarle al gobierno su función y su responsabilidad".
Castro amplió el término de creador intelectual para los hombres políticos, los técnicos y profesionales, ahogando en esta masividad el peso de los creadores de la cultura cubana, adelantando además el criterio de que la creación tendría que ser obra de equipos de hombres más que de nombres individuales, y que los creadores individuales no debían firmar sus obras:prefiguraba el triste papel de Saturno que desempeñaría el Consejo Nacional de Cultura y luego el Ministerio de Cultura, sellando de esta forma la suerte del poderoso movimiento creador que subyacía en el trasfondo de la propia revolución.


miércoles, 24 de junio de 2015

Remembranzas de estudiantes.

 
Un  día, aproximadamente, de Octubre de 1963, en una más de tantas mañanas, bajo la mirada fría de las cinco águilas blancas, como todos los años, se abren las puertas de esa casa de estudios, centro de historia merideña, para darle cabida a otro grupo de jóvenes soñadores, de jóvenes cargados de ilusiones, esperanzas, todos vienen de los liceos, unos de la misma Mérida, otros de distintas partes del país, ya no con la mochila de estudiante de primaria, ni con el maletín de bachillerato, viene con una alforja llena de esperanzas, vienen en búsqueda de un título universitario, ya no vienen de la mano del papa o la mama, que los trae para hacerlos traspasar las puertas de la institución educativa, no, viene con acompañados por calurosos sueños, con un sinfín de temores, temores que se agigantan cuando colocan por primera vez los pies en la entrada del claustro universitario, en las puertas de esa majestuosa casa de estudios, ahí dentro espera un nuevo sistema de vida, es el inicio de una vida definitiva, es el futuro profesional, dentro hay historia viva, ahí se han forjado un sin número de profesionales, es el encuentro con la historia, es el puente de entrada a un nuevo mundo, en la mente de cada uno hay temores, la solemnidad misma de la estructura arquitectónica genera respeto.

La puerta de hierro, forjada en acero y en barrotes de historia, se ha abierto; al dar los primeros pasos, tenemos al frente, como un guía, el busto del Libertador, en medio de una plazoleta, conformada por una jardinería y una camineria a su alrededor, cada uno de esos aspirantes vuelve a colocarse frente a la historia, las columnas alrededor del busto del Libertador, sostienen los pisos superiores donde se encuentran las aulas de estudio, ya cada uno ha entrado, se han colocado dentro de la historia merideña, los suspiros son más profundos, y el mundo se torna más pequeño, en la mente de cada uno, los sueños se hacen un hilado de temores, es la incredulidad de haber llegado a la universidad; es el temor del bautizo de los nuevos, son tantas cosas que se han dicho sobre el primer día, los que se conocen por venir de un mismo liceo, especialmente aquellos de otras partes del país, se saludan y en sus labios aflora una sonrisa nerviosa y se desprende una pregunta que nos irán a hacer, será verdad lo que nos han contado sobre el bautizo de los nuevos; será verdad que nos cortaran el cabello, que nos arrojaran baldes de agua con esto o aquello? Nadie lo sabe, tal desinformación amortigua ese estado emocional que vive cada uno como consecuencia del primer día de clase.
Los viejos estudiantes miran con sonrisa despectiva a los nuevos, todos los viejos se conocen, y los nuevos son fácilmente identificables, caminan inseguros, temerosos, están en mundo distinto, las manos en los bolsillos también sirven de identificación como nuevos, no solo por el frio, sino, por el temor, tanto a lo nuevo, a lo imponente de la estructura física, como a esa pregunta que acompaña a cada uno a manera que se han ido acercando a la universidad, ¿Cómo será el bautizo? ¿Qué nos irán a hacer? ¿Cómo será el mundo universitario?.
Ese primer día cada uno ve, además de los viejos estudiantes, a unas personas vestidas con ropa de caqui, no los conocen pero presumen que son parte del personal, cada uno de ellos tiene una forma distinta de ver a los nuevos estudiantes, en ellos florece una sonrisa o una mirada que refleja esa duda de ¡quien será este nuevo, terminara la carrera o se quedara en el camino!. Cada uno de esos personajes será pieza fundamental en la vida de cada uno de esos soñadores que están ingresando. Serán los informadores para conocer a esas personas con quien van a convivir durante varios años. Son los grandes conocedores de la historia de la Escuela de Derecho. Hay uno de ellos que es la historia viviente de la universidad, conoce la vida de cada estudiante, de cada profesor, de cada uno de los integrantes del personal administrativo. Es el libro de vida de la Escuela de Derecho, tiene tanta historia que se le conoce como el “Abuelo”. En el tiempo dejara en cada uno de esos nuevos estudiantes gravada la nostalgia del amigo, del compañero de confidencias, de los momentos difíciles de los estudios, será el gran amigo y compañero sin ser estudiante. Es el Abuelo, es la historia de la Escuela de Derecho, quien conjuntamente con los profesores generan conocimientos y contribuye a hacer la vida del estudiante mas pasajera, en el siempre cada uno consigue una sonrisa y una mirada llena de amor e ingenuidad. El Abuelo es todo nobleza, espiritualidad, cada cana, cada arruga es una año de vida universitaria, de compartir con nuevos y por graduarse, son lágrimas, sueños e ilusiones que revoletean por los pasillos de la Escuela de Derecho. También  destaca en ese personal un trabajador joven, merideño y estudiante, a nuestro ingreso de bachillerato en el nocturno del Liceo Libertador, luego al graduarse de bachiller se hace otro estudiante de derecho, ya es el trabajador y el compañero de estudio; en el transcurrir del tiempo y de los apuros, es quien nos consigue copia de las tesis de estudio. El estudiante de esos momentos no crea diferencias entre trabajador, empleado, compañero, todos somos amigos, nos queremos y apreciamos. Es la idiosincrasia andina incrustada entre las paredes de la escuela de leyes.
Día a día, entre mañanas frescas y tardes lluviosas el tiempo transcurre, lentamente se va dando la deserción bien por abandono u otras circunstancias; nos iniciamos en dos grandes salones y ya después de la segunda mitad nos integramos en uno solo, se profundiza la amistad y empieza a surgir una gran solidaridad de grupos; son años de mucha pugnacidad política, sin embargo, en nuestro grupo la política no tiene rivalidades profundas, es algo más del acontecer diario. La integración solidaria es de tal magnitud, que nuestro grupo se va colocando año a año en un liderazgo dentro de la facultad, somos decisivos en la escogencia de la Novia de la Escuela de Derecho en la semana Universitaria, uno de nuestros grupos constituyo en el mundo del deleite de la farra y la diversión, lo que se conoció como la “Pequeña Tanguera”, en ella planificamos fiestas de fin de semana, reuniones familiares, fue tan conocida que algunos profesores se hicieron participes de nuestras correrías de fin de semana, en la “Peña” se construyeron historias, amistades y grandes momentos para el recuerdo de los tiempos vividos.
El grupo se caracterizó por una solidaridad de tal magnitud, que llegamos a romper esquemas, la selección del padrino de graduación o el orador de orden era motivo de discusiones y enfrentamientos políticos, en nosotros eso desapareció. En una parranda celebrada en casa de uno de los condiscípulos se designó el padrino de la promoción y el orador, prevaleció la amistad, el afecto, un sentimiento de cordialidad que nos unía. Por iniciativa de nuestro padrino de graduación: Dr. Antonio Ramón Marín, quien por cierto nunca estuvo en una farra de la “Peña Tanguera”, fuimos los primeros y únicos estudiantes de derecho que se hicieron miembros del Colegio de Abogados del Estado Mérida sin haberse graduados de tales. Algunos integrantes de años inferiores quisieron imitar nuestro estilo de reuniones con profesores y amigos y no pudieron lograrlo, éramos únicos, distintos y diferentes. Había un profesor que nos rechazaba y nos adversaba, otros eran felices compartiendo con nosotros.
Pienso en el sentimiento de pretensión que debemos tener los integrantes de la Promoción de Abogados, de ese año 1969, apadrinada por el Dr. Antonio Ramón Marín, en cuanto a que la gracia de Dios y del tiempo nos revistió del orgullo de ser una de las últimas promociones de abogados que tuvo el beneficio de iniciarse y concluir en el edificio principal de la ULA, no estudiamos solo historia, estudiamos con la historia, en nuestra Escuela aún está el viejo paraninfo de la Universidad, el celebramos los cuarenta años. Fuimos formados por la última generación de profesores ilustres de la Escuela de Derecho, que orgullo haber sido alumnos de los mejores, haber compartido en el salón de clase, en los pasillos de la Escuela, en la amena francachela de alumnos y profesores, donde prevaleció el respeto y se desbordo la alegría del compartir. Nostalgia de la solemnidad de los Drs. Pedro Pineda León, Ramón Vicente Casanova, Febres Pobeda (su inolvidable corbatín), Omar Eladio Quintero, Héctor Febres Cordero,  Mazzino Valery, Jesús Rondón Nucetti, Gonzalo Berti, Hugo Viera, Barbocita (el mas joven del  grupo), Calderón Berti, el querido Pizanito, Chalbud Zerpa,  Luis Elbano Zerpa, Francisco Rad Rached, Contreras Pernia, Febres Pobeda, nuestro padrino Antonio Ramón Marín, él supo guardar la distancia, en su característica personalidad andina, pero siempre ha sido un amigo. Cada uno tenía una personalidad muy característica, pero ellos siempre prevaleció la vocación de la enseñanza, fueron estrictos pero consecuentes en generarnos un mensaje de ética, fueron ejemplo en la personalidad y la autoridad moral del educador.
Tenemos, insisto, el honor haber sido alumnos de los mejores docentes de la Escuela de Derechos, nuestro orgullo y nuestra pretensión, por eso debemos sentirnos los únicos en haber saboreado la miel del saber, la educación y la ética en la formación profesional. Para ellos siempre nuestra admiración y reconocimiento.
Cabe recordar los últimos exámenes de quinto año; en Mérida hechos políticos obligaron al cierre de la Universidad y consecuencialmente la suspensión de exámenes finales, transcurría e mes de noviembre, habíamos presentados todos los exámenes menos el último: Derecho Internacional Público, la Escuela de Derecho al igual que las demás estaba cerrado y nosotros nos negábamos a no poder graduarnos por la paralización de la Universidad, en una de las acostumbradas reuniones peñeras resolvimos pedirle al Decano de la Escuela nos permitiera presentar nuestro último examen, a lo cual se negó en vista a los hechos mismos, de manera que le insinuamos que se celebrara una asamblea de estudiantes para pedir a las autoridades que se abriera la Escuela a presentación de exámenes; Rad Rached, Decano para el momento lo considero imposible, sin embargo, le indicamos que si nosotros lográbamos convocar la asamblea de estudiantes y que en ella se pidiera la autorización para presentar exámenes, èl respetaría tal decisión, él en su característica ironía despectiva se sonrió y nos dijo, entendiendo que era algo imposible, tanto por la magnitud del conflicto y lo difícil, no tan solo de convocar sino de navegar entre las diferencias políticas, “si lo logran yo abro la Escuela de Derecho para que Uds. presenten ese examen”. Reto hartamente difícil y casi imposible; nosotros éramos arriesgados, decididos y con una gran disposición a los logros, creo que esta característica ha identificado a muchos de nosotros en la vida profesional, triunfadores y exitosos.
Tomamos el reto, reunimos la peña y establecimos estrategias, formas de convocatoria, tácticas de dirección y manejo de la asamblea, agenda. Muchos éramos fichas activistas de los partidos políticos, experimentados en las líderes políticas, hicimos la planificación; se convocó la reunión, la misma se realizó en el salón de primer año, con capacidad, si mal no recuerdo para más de cien personas, todos nos colocamos en forma estratégica para ejercer control de la misma; la asistencia nos impresiono, fue alta y dispuesta a tomas decisiones, los principales oradores creo fueron el ya fallecido Elias D`onghia, y otros, a mi correspondió compartir las dirección de debates creo que con Ismael Fermín, no estoy seguro, hace tanto tiempo, lo importante es que conseguimos una gran mayoría para aprobar la apertura de la Escuela, solo para presentar exámenes. Lograda la votación y la aprobación no cabíamos de la alegría por el éxito y el orgullo de poder decirle al Decano: ”lo dijimos y lo logramos”, ese día fue una gran farra de la “Peña Tanguera”, presentamos el examen de nuestra última materia, el día transcurrió para muchos de nosotros entre un ir y venir del Colegio de Abogados, ubicado para ese momento arriba en Milla y la Escuela de Derecho, al  Colegio subíamos a cargar baterías y fue tanta la carga que ya a las tres de la tarde la brújula de muchos estaba sin ubicación, indiscutiblemente que ese día nos acompañó ese gran personaje Merideño, el histórico y popular “Matica”, hubo morteros y cohetes. A última hora de la tarde iniciamos la acostumbrada caravana de recorrido por la ciudad, acompañados de nuestras esposas, los casados para el momento, de las novias y amigos, para concluir en horas de la noche en la piscina del Colegio de Abogados. Finales de Noviembre la penúltima etapa de una vida de estudiantes en el mundo Universitario que con concluyo un cinco (05) de Diciembre de 1969. Nos ganamos, con esfuerzo e inteligencia, nos caracterizo la iniciativa, el conseguir graduarnos por Secretaria, con toga y birrete, entrando uno por uno, dejando en espera a nuestros seres querido en el pasillo de la puerta del Rectorado; entramos ufanos, orgullosos y engrandecidos, a recibir el Título de Abogado de manos del inolvidable Dr. Pedro Rincón Gutiérrez (Perucho), al salir la alegría de entregarle una gran regalo a nuestros padres, esposas o novias, un tesoro: Un Titulo, que llevaba escrito un pasaporte al mundo profesional, escrito con letras de trasnochos, lagrimas, esfuerzo, tesón, cada letra impregnada de las delicias de un sueño.
Una mañana bajo la mirada fresca y embrujadora de la Sierra Nevada de Mérida un grupo de estudiantes recién salidos de los Liceos, pusimos por primera vez, y nos hicimos parte de la historia, nuestros pies sobre las agotadas y envejecidas baldosas que recubren el piso de la histórica Escuela de Derecho de la Universidad de los Andes, pisadas se hicieron huellas dentro de las huella de miles de pisadas que en muchos años han ido recibiendo jóvenes cargados de sueños, anhelos y ambiciones, entramos para hacer realidad las esperanzas de nuestros padres, nuestra mochila eran sueños, cinco años después, cuando el sol se despedía y las cinco águilas serraban sus alas para el reposo, muchos de los que una vez entramos salimos abrazados, acompañados por Matica y su andar lento y suave junto al sonido de sus alpargatas que durante tantos años dieron música y sentimiento al jolgorio de los estudiantes que terminaban sus exámenes finales de grado. Años antes el sol de la montaña nos abrió la puerta de la Universidad, nos alumbro día a día el camino, en ese momento la noche se durmió para dejarnos transitar por un nuevo amanecer asido de guirnaldas relucientes cantando en las calles citadinas la alegría de un tropel de soñadores, ya dispuestos a enfrentarse al mundo serio y responsable del profesional universitario, Murió la indisciplina, la irresponsabilidad juvenil y nació la responsabilidad del Universitario Profesional.
Para delirar en la alegría del rencuentro y sumirnos en el torrencial rio de los recuerdos juveniles nos reuniremos para celebrar casi una media centuria, Sueños y recuerdos…..
A cada uno de los que se fueron a un espacio cargado de paz y amor, nuestro recuerdo y deseos porque la mano del gran Arquitecto del Universo este sobre sus hombros, reteniéndolos en un mundo especial.

 

lunes, 19 de enero de 2015

2015 UN NUEVO ESCENARIO (III)
“El caudillo es heroico, épico, es el hombre que esta mas allá de la ley, que crea la ley.  El presidente es el hombre de la ley: su poder es institucional.  Los presidentes […] tienen poder mientras son presidentes […] pero deben su poder a la investidura.  En el caso de los caudillos hispanoamericanos, el poder no les viene de la investidura, sino que ellos dan a la investidura el poder”. Octavio Paz.
Para entender el proceso político por el cual atraviesa Venezuela, esta Venezuela,  la que creíamos que era, la que se nos esta muriendo y muchos no quieren ver o no son capaces de entenderlo; nuestra Venezuela, detenida en el tiempo por obra del totalitarismo, que se debate actualmente entre la defensa a ultranza del comunismo ortodoxo y la deriva hacia formas superiores, se hace necesario un ejercicio de retrospectiva de conocimiento de algunos personajes determinantes en el desastre que vivimos.
En una de las tantas reuniones del Parlamento Mundial, celebrada en La Habana, siendo Rafael Caldera Presidente del mismo, al llegar a La Habana presidiendo la delegación venezolana, Fidel Castro lo recibe personalmente y se dedica a seducirlo y colmarlo de atenciones, personalmente conduce un jeep en el que lo pasea por toda la isla, ejecutando sus viejos y consabidos trucos de la seducción, lo embriaga y persuade de tal manera, que como lo refiere Héctor Pérez Marcano, en su libro: “De Machurucuto a la Revolución Bolivariana”, Rafael Caldera en entrevista con Carlos Rangel y Sofía Imber, en el programa “Buenos Días”, estando recién llegado de La Habana, “se deshacía en halagos hacia Fidel Castro, Sofía no lo podía creer y entre indignada y asombrada trataba de responderle a Caldera y este no la dejaba hablar casi, ¡callar a Sofía!- repitiendo sus elogios a Fidel. El gran seductor lo había logrado de nuevo, y nada menos que con un político con la blindada experiencia de Rafael Caldera. Esa capacidad de imponer su capacidad mediante el elogio, la seducción, con uso irreverente de su oratoria, le otorgo grandes beneficios.
Un inexperto en la política, eufórico, aturdido en los elogios por sus recientes éxitos políticos, permite al recién indultado y en su primera visita a Cuba, caer en el hechizo de la seducción; Chávez, como si se tratara de un jefe de Estado es recibido por Fidel en el aeropuerto, al pie de la escalerilla  del avión y así inicia su periplo de seducción y hechizo, ave fénix para rehacer su obsesión sobre Venezuela y su petróleo, en un joven militar que solo tenía como credencial haber fracasado en un golpe militar, pero cargado de ambición de poder. Al líder guerrillero se le ha presentado la gran oportunidad, si había sido capaz de seducir al “inmarcesible Rafael Caldera, ¿Qué efecto demoledor no habría causado en un joven muchacho de Sabaneta de Barinas?” (idem). Desconocedor de la realidad social y política de la vida del ciudadano común en Cuba, Chávez en su intervención en la Universidad de La Habana, “abrumado por las inesperadas atenciones y la presencia de Fidel Castro que lo está escuchando en primera fila declara que Cuba navega "en el mar de la felicidad", mas llega “a decir que en Cuba el pueblo es feliz con su miseria. Había obrado ya la abrumadora capacidad de seducción política de Fidel sobre un maleable y derrotado comandante venezolano”. (ìdem)
En el transcurrir del tiempo Fidel se percata de que Chávez sí tenía Control de Poder, que maneja una inmensa renta y ve ahí la gran oportunidad de hacer realidad su gran sueño;  dirigirá a control remoto, a través de un militar obsesionado por la sed de poder, el país que le permitirá extender su influencia en América Latina y manejar la chequera petrolera que le permitirá logros políticos ambicionados y que los gobiernos democráticos de Venezuela no le habían permitido. Fidel ha estudiado la personalidad de Chávez, lo sabe manejable, lo manipula y le estimula su sed de poder, induciéndolo a la búsqueda de un liderazgo exterior, a conciencia de la megalomanía del aprendiz de dictador. Se establecen las bases para una intervención planificada y aceptada. Ahora bien, visto tales logros, hagamos un recorrido por el quehacer político de Fidel y su personalidad.
Quienes han analizado el perfil psicológico de Fidel Castro, han encontrado, que su patología se basa, en parte, en una dualidad, consecuencia de un sustrado de identidad desde su nacimiento: un doble nombre, doble hogar, doble familia, y doble identidad. Ha sido uno de los primeros políticos que ha sabido entender “el poder de la imagen”
El padre de Fidel Castro, el gallego Angel Castro Argiz, formo parte de una columna española en la guerra de Cuba, luego de la derrota española, decidió quedarse en la isla, en el tiempo hace fortuna y llega a convertirse en un rico terrateniente, desarrolla una reputación de ser implacable y violento, especialmente con los trabajadores que importaba de Haití. Convertido en rico miembro de la alta sociedad de Banes, contrae matrimonio con María Luisa Argota, se instala en Biran y tiene dos hijos, ella abandona la casa de Biran y se muda a Santiago de Cuba, ante la relación extramatrimonial que su marido sostiene con la hija de una sirvienta de nombre Lina Ruz, quien se constituye como la nueva señora de la casa y en fecha 13 de agosto de 1926, nace un nuevo hijo quien lleva por nombre, Fidel; motivado por los problemas del divorcio, Angel Castro simula una ruina y traspasa sus propiedades y envía a sus hijos a vivir con su amigo el Cónsul de Haití en Santiago. Fidel de 4 años de edad tiene que adaptarse a dos familias, dos parejas de padres, dos hogares, a vivir en una condición de hijo ilegitimo, desarrollando fuertes conflictos psicológicos, que se agravan cuando en su condición de interno en el Colegio La Salle, sus condiscípulos lo humillan por su origen bastardo, hijo de madre analfabeta y no bautizado, le llegan a llamar “judío”. Fidel Hipólito Ruz, a los 17 años es legitimado y adopta el apellido Castro Ruz, las humillaciones vividas dejan en él una marca imborrable y ansiedad de venganza. Llega a estudiar en La Habana en el Colegio Jesuita de Belén, uno de los prestigiosos de la capital. Se matricula en la Escuela de Leyes en La Habana, se hace activista político, su comportamiento violento lo lleva a ser reputado como gánster, aventurero violento, matón y “gatillo alegre”, llega a tener participación en el “Bogotazo” (1948), donde estuvo supuestamente para infiltrar los movimientos estudiantiles universitarios de América Latina. Según su biógrafo, Serge Raffy, al regresar de Bogotá a La Habana, es cuando se produce su enlace con el agente soviético Fabio Grobart, uno de los fundadores del Partido Comunista en Cuba, era un judío polaco enviado por el Kremlin a América Latina para reclutar agitadores “anti-imperialistas”. Castro con su personalidad  violenta y con una imagen de revolucionario humanista era el candidato ideal, ya que poseía la camaleónica duplicidad requerida. Esta duplicidad camaleónica será característica en su vida política. Se ha dicho que la maleabilidad de su personalidad patológica impide cualquier negociación pues nunca se estará tratando con el verdadero, sino con el “otro”.
Raffy, en declaraciones dadas sobre su libro “Castro, el desleal”, no oculta la pasión, no exenta de un evidente rechazo por el autoritarismo demostrado a lo largo de los años, que le provoca el político cubano. "Después de haber investigado mucho sobre él, mi conclusión es que es una mezcla de Don Juan, Don Quijote y Torquemada, con algo de Stalin", pero si esta mezcla no fuese ya de por sí explosiva, añade que Castro es sobre todo "un fantástico actor y un genio de la comunicación".
Es conveniente conocer lo indicado por Simón Alberto Consalvi, en su libro: “Contra el Olvido” (Editorial Alfa), especialmente por el hecho de que el autor vivía como exilado en Cuba para el momento de la bajada de Fidel de Sierra Maestra.
“Que sucedió realmente en Cuba, quienes propiciaron la  Revolución Cubana y cuál fue el papel de Fidel Castro? Esto es importante ya que se ha ido vendiendo la idea de un “liderazgo” propio, innato, salido de una lucha que ha permitido diosificar a un hombre y al lado de él, otros han querido crecer.
Creo conveniente indicar que para el momento de los hechos narrados por Consalvi, él vivía exilado en Cuba y tuvo participación política.
“-Los demócratas tumbaron a Batista, pero Fidel Castro fue el que tomo el poder…
-Los demócratas lo llevaron al poder…
-Lo mismo que ocurrió en Venezuela, los demócratas apoyaron a Chávez…
-No, los demócratas no. Los antidemocratas. Felipe Pazos, el presidente del Banco Nacional de Cuba, tramito la entrevista de Herbert L. Matthews a Fidel Castro en su campamento de Sierra Maestra. Matthews ejercía el periodismo de acción. Pazos, gran economista cubano que luego se exilio en Venezuela, trabajaba para resucitar a Fidel  y lo resucito. En ese momento nadie nombraba a Fidel en Cuba, y mucho menos en la Habana. Lleno de datos falsos sobre el número de combatientes, el reportaje de Matthews fue un golpe publicitario. Publicó que había mil guerrilleros en cada montaña. Mentira. Fidel Castro es el hombre, el político, el revolucionario o, mejor, el oportunista más afortunado  en siglo XX. El Movimiento 26 de Julio no figuraba en nada en La Habana en los días anteriores a la caída de Fulgencio Batista. La lucha contra la dictadura la llevo a cabo el Directorio Revolucionario, que presidia Faure Chaumon Mediavilla, y lo integraban estudiantes de la Universidad de La Habana como Fructuoso Rodríguez y Rene Anillo, entre otros. El Directorio Revolucionario ataca al Palacio Presidencial y se juega el todo por el todo en acciones terroristas en La Habana. Uno estaba en una esquina y a los cinco minutos explotaba una bomba en la esquina siguiente… El ataque al Palacio Presidencial es la operación de más audacia en la lucha contra la dictadura. Fidel estaba quieto en la montaña. La entrevista de Herbert Matthews pone a Fidel Castro en la escena mundial y opaca al Directorio Revolucionarios. (1)  El reportaje publicado en The New York Times endiosa a Castro y contribuye de manera inverosímil al derrumbe de la dictadura. Matthews, viejo reportero con experiencia en la Guerra Civil Española, que había recorrido el mundo y era un conocedor de la situación  cubana, publico la primera entrevista sin fotografías. Lo único que se le ocurrió al Consejo de Ministros de Batista fue decir que la entrevista era falsa, pero en el momento en que divulgan el desmentido, aparece la segunda entrega con la fotografía Matthews-Fidel Castro. Batista ya no tenía manera de defenderse y se derrumba el régimen. A partir de allí, la figura de Castro ocupa la escena de manera avasallante. La guerra contra Batista la había librado el Directorio Revolucionario, que no tenía un ejército, pero la gente piensa que fue Fidel Castro, el mito que estaba en la sierra. Los barbudos tienen la astucia extraordinaria de alojarse en los cuarteles de La Habana y darles vacaciones a los soldados que no habían huido. Al apoderarse de los cuarteles,  Castro controlo la fuerza militar y construye desde el comienzo su propio ejército, que es el que sostiene todo el aparataje de la Revolución Cubana. Yo era muy amigo de uno de los que participaron en el ataque al Palacio Presidencial: Enrique Rodríguez Loeti, dirigente estudiantil. La primera escala que hizo en la huida fue mi apartamento. Me conto algunos detalles de lo que había ocurrido. Con lo que me conto, hice unas notas para la sección <En Cuba>, de la revista Bohemia. El Libro El ataque al palacio presidencial, escrito por Chaumon, el jefe del ataque, esta probablemente desaparecido en Cuba…. Cuando Castro bajo a La Habana, su principal enemigo era Faude Chaumon, que como no tenía un aparato militar fue sacado del juego de manera inmediata… Cuando, siendo exilado, yo vivía en el Hotel San Luis, en La Habana, todas las semanas el PCC me ponía en mi estafeta un boletín en el que atacaba mas a Fidel Castro que a Batista, por putchista. Fidel acabo con el Directorio Revolucionario y con el Partido Comunista de Cuba y se erigió como el líder supremo. (2)
-El arma principal de Fidel es mediática, no militar…
-Si Faure Cahamón era un hombre de pocas palabras hasta en la conversación personal. En una tribuna era una catástrofe, pero Castro era un mago. De ahí viene todo, de su poder mediático. Fidel por la sola invasión, era un mítico guerrillero que estaba en la montaña peleando contra una dictadura. Los encuentros contra los militares de Batista fueron circunstanciales, nunca decisorios. Las montañas cubanas no son las montañas venezolanas o las montañas colombianas. Cuando Fidel baja de las montañas, ya Batista había por la actividad del Directorio. El mundo se rindió a sus pies.
… -A Castro lo sustituye su hermano…
-No es una sustitución sino una prolongación. Raúl y Fidel son la misma persona con dos rostros”.
Hablemos algo sobre este personaje: Raúl Castro, el segundo abordo en el proceso de destrucción de Venezuela.


viernes, 2 de enero de 2015

El fin de la revolución cubana. (Capitulo II. Cuba: Crisis y Transición.


Los cambios radicales ocurridos en la URSS y la Europa Oriental han tenido importantes repercusiones en la sociedad cubana a pesar de no haberse traducido en cambios liberalizadores de sus estructuras políticas y económicas.  El efecto en el orden práctico e ideológico ha sido devastador, aunque Cuba no ha podido ignorar las transformaciones sistemáticas ocurridas en la antigua URSS y el resto del mundo comunista, las características singulares de la revolución cubana hacen supones que las repercusiones de tales transformaciones se manifiesten en Cuba de formas y maneras sustancialmente diferentes, tanto en su alcance como en su profundidad y su tempo.  La naturaleza del régimen cubano y, sobre todo, el carácter y las peculiaridades de su líder, Fidel Castro, sitúan el caso isleño en contexto aparte.
Características singulares de la revolución
La democratización del mundo comunista ha tenido, sin duda, efectos importantes en la isla, pero su repercusión no ha sido de tal envergadura que se pueda considerar como “históricamente inevitable” e inminente la transformación de la sociedad cubana en su ordenamiento económico y político.  Es lógico que en Cuba ocurran cambios y transformaciones serias en la organización socioeconómica y política del país, pero estos se realizaran a un ritmo muy lento, con toda la prudencia que requieren cambios que pueden, si se van de la mano, desestabilizar totalmente el complicado entramado organizativo de una sociedad totalitaria.  Cualquier intento de reformas estructurales que tiendan a aliviar los efectos perniciosos que sobre Cuba han tenido los cambios en los países del Este y la antigua URSS es rechazado por Castro, aun a expensas del continuo aumento en las dificultades económicas de toda índole.
Hay una serie de factores clave que coinciden en la situación cubana y que dificultan extremadamente el cambio espontáneo o la reacción inmediata concatenada con las transformaciones del mundo comunista europeo.  Algunos de estos factores han estado presentes en una o en varias de estas sociedades, pero el cumulo de situaciones que se producen en el caso cubano se convierten en un formidable freno al cambio político-económico espontaneo o rápido y hacen de Cuba un caso diferente.
El caudillismo carismático de Castro y la dependencia de la revolución en su persona son los factores determinantes que impiden el cambio.  Otros elementos son los negros, como grupo social mayoritario y con cierta fidelidad especial al movimiento revolucionario; los Estado Unidos, como enemigo preferido y elemento galvanizador de las fuerzas revolucionarias mediante el recurso a los sentimientos nacionalistas más primitivos; la oposición, el exilio como segundo enemigo preferido que se utiliza para atemorizar al pueblo cubano ante el supuesto espíritu de venganza o recuperación de esa comunidad, la unidad aparente del Partido Comunista Cubano y las fuerzas armadas; los altos niveles de represión impuestos en Cuba por el castrismo; la desaparición casi absoluta de las instituciones del antiguo orden social y la fragilidad del acervo cultural y social de ese orden vencido; los logros, elevados a mitología, de la revolución en las presentaciones sociales y en el campo internacionalista y, desde luego, muchas otras peculiaridades menores.
El caudillismo
         La revolución cubana tiene ciertas características esenciales que dificultan y complican la realización de transformaciones sustanciales en la sociedad revolucionaria.  La característica más evidente y más trascendental es el caudillismo presente en el proceso revolucionario desde sus mismos orígenes.
Castro es la encarnación del clásico caudillo latinoamericano, con los matices de la contemporaneidad y la ideología.  El Nobel de literatura mexicano Octavio Paz, en una conversación con Claudio Fell publicada en la revista mexicana Plural 50 (1975) describe así al caudillo:
“El caudillo es heroico, épico, es el hombre que esta mas allá de la ley, que crea la ley.  El presidente es el hombre de la ley: su poder es institucional.  Los presidentes […] tienen poder mientras son presidentes […] pero deben su poder a la investidura.  En el caso de los caudillos hispanoamericanos, el poder no les viene de la investidura, sino que ellos dan a la investidura el poder”.
Sigue diciendo Octavio Paz que los grandes problemas del caudillismo son la legitimidad y la sucesión:
“Aquí aparece al lado del tema del poder terrible.  Otra vez el tema de la legitimidad.  El misterio o enigma del origen […] El caudillismo, que ha sido y es el verdadero sistema de gobierno latinoamericano, no ha logrado resolverlo, por esto tampoco ha podido resolver el de la sucesión.  En el régimen caudillesco, la sucesión se realiza por el golpe de Estado o por la muerte del caudillo.  El caudillismo, concebido como el remedio heroico contra la inestabilidad, es el gran productor de inestabilidad en el continente.  La inestabilidad es consecuencia de la ilegitimidad”.
Quizás la característica esencial de la revolución cubana sea el sincretismo entre el personalismo caudillista original de la revolución y el bagaje ideológico del marxismo-leninismo, integrado a posteriori; el caudillismo típico latinoamericano fortalecido por una ideología de carácter global: el marxismo-leninismo, que provee de cierta legitimidad a quien de otra forma sería un mero caudillo a ultranza.  Estas dos condiciones que se acompañan e integran preservando cada una de sus características naturales esenciales, convirtiendo la experiencia revolucionaria cubana en un curioso exponente de sincretismo político.  El caudillismo obtiene legitimidad de ideología y a la inversa, el marxismo-leninismo obtiene legitimización popular del respaldo y por la voluntad del caudillo, Fidel Castro.  La ideología legitimíza al caudillo.  El caudillo legitimíza la ideología.
Desde el inicio de la etapa insurreccional el 26 d Julio de 1953 hasta el discurso de Fidel Castro el 1° de Diciembre de 1961, en el que se declaro a sí mismo y a la revolución como marxista-leninista, el rumbo ideológico y doctrinario de la revolución se caracterizo por su dinamismo.  Durante toda la etapa insurreccional y los primeros meses de la revolución en el poder, el movimiento revolucionario se identifico con el reformismo progresista latinoamericano y con los movimientos socialdemócratas cubanos conocidos como el autenticismo y la ortodoxia.  Sus fundamentos ideológicos fueron antiimperialismo, el nacionalismo, la reforma agraria, la industrialización, la libertad política, etc. En resumen, un ideario reformista burgués muy en su tiempo y su época.
En los primeros meses de la revolución, Fidel Castro la definió como “humanista” y sus principios políticos y sociales como “humanismo democrático”, un camino equidistante del comunismo y del capitalismo que postulaba un sistema respetuoso de las libertades del ser humano y prometía un futuro donde, según sus propias palabras, no hubiese: “pan  sin libertad, ni libertad sin pan.  Ni dictaduras de hombres, ni dictadura de castas u oligarquías de clases.  Libertad con pan sin terror”.
Una vez en el gobierno, la ideología de la revolución va cambiando para amoldarse a los requisitos del régimen y su líder.
Lo que se mantiene constante es la voluntad de protagonismo de Fidel Castro, su incontrolable necesidad de poder personal absoluto.  Esta característica de Castro se manifiesta ya en la etapa insurreccional, cuando pretende y logra que su movimiento sea el preponderante dentro de cualquier alianza o acuerdo oposicionista y obtiene para sí el control absoluto de la actividad insurreccional contra la dictadura de Batista.
El absolutismo personalista de Fidel Castro se agudizo una vez en el gobierno.  Los dos primeros años se caracterizaron, entre otras cosas, por su acumulación de poder a expensas de los demás grupos, líderes e instituciones.  Castro muestra un voraz apetito por el ejercicio del poder de forma ilimitada, sin balances, equilibrios o parámetros.  Cualquier intención o esperanza de oposición legítima y condena del comandante Huber Matos.  La condena de Matos marca el momento a partir del cual cualquier crítica o disensión se cataloga como traición.
Las características de personalismo y caudillismo de la revolución cubana no solo se han moderado con el transcurso de treinta y tres años de poder absoluto, sino que se han acentuado.  En palabras del periodista y documentalista estadounidense, admirador de Castro, Saúl Landau:
“Fidel, como Luis XIV, es el Estado, su presencia sigue paralizando a Cuba.  La gente que ha alcanzado la edad adulta con Fidel, comprende que las instituciones y la constitución que el creo, nunca podrán ser puestas a prueba mientras no haya hecho mutis.  Fidel, quizá sin querer, socava todas las decisiones que no son suyas: ya que puede, a discreción, cambiar una ley, un decreto, un plan económico…”
De ahí que la conformación final del Estado cubano haya sido singular.  Al implantar la revolución, el fidelismo desbordo su marco original de movimiento de masas y constituyo todo un sistema de gobierno donde eventualmente se fundió el pensamiento marxista-leninista con un profundo caudillismo y se conformo un estado totalitario monocratico, fundamentado en la dominación del caudillo sobre el Partido, el Partido sobre el Estado y el estado sobre la sociedad; un sistema donde siempre prima el caudillo, legimitizado por la ideología y por su carácter histórico de héroe libertador y padre de la revolución.
El Estado cubano ha quedado conformado como un Estado sincrético de caudillo e ideología en el que la ideología — marxismo-leninismo — es legitimizada por la comunión con el caudillo, quien esta mas popularmente consensuado que el sistema; la permanencia del caudillo en el poder es legitimizada por el andamiaje ideológico del marxismo-leninismo.
Según el sociólogo cubano Juan Valdez Paz:
“En este país existen dos sistemas políticos:  Fidel y las masas, y el partido y la sociedad; el  liderazgo de Fidel es una realidad nacional, un fenómeno histórico inevitable.  El problema, para la revolución cubana, es como despersonalizar en el futuro el sistema político.  Fidel tiene más consenso social que el mismo sistema…”
Mas sucintamente, el eminente sociólogo estadounidense y gran conocedor de asuntos cubanos, Irwing Louis Horowitz, explicando la estalinización del castrismo, apunta que “La nación se reduce a si misma a el mismo”.
Desde luego que el caudillo que caracteriza al régimen cubano y que es parte integral del proceso revolucionario, no es único en la historia del marxismo-leninismo; todo lo contrario.  Los grandes líderes de las revoluciones marxistas autóctonas, Mao, Lenin, Stalin, Kim Il Sung, Castro, ejercieron, o ejercen, una influencia desmedida sobre sus revoluciones y sus pueblos durante, y aun después de, sus vidads.  Kim Il Sung y Castro son los únicos que aun viven.  Ambos siguen al frente de sus respectivos países como Jefes de Estado y líderes máximos del proceso revolucionario.  Esta es una de las características diferenciadoras más importantes entre Cuban y los países de Europa del Este.
La presencia del caudillo y padre de la revolución, omnipotente y omnipresente, permea y controla la vida de la nación, dando lugar a una sociedad fundada sobre un líder supercarismatico y un estado autocrático.  El gobierno cubano, a diferencia de casi todos los otros gobiernos comunistas del mundo y similarmente al antiguo gobierno rumano y al actual de Corea del Norte, es un gobierno perfectamente monocrático, donde la voluntad de un hombre prevalece ante todo y ante todos.
Aunque está claro que Fidel Castro no toma todas las decisiones en Cuba, si toma todas aquellas decisiones que desea tomas.  Todas sin interferencia individual o institucional.  Todo el poder de decisión se concentra en una persona, que solo consulta a quien desea sobre los temas que desea.  Fidel Castro es el fundador de la nueva sociedad, el líder máximo de la insurrección histórica y de la revolución; el padre, el brazo armado, el hombre pensante, el guerrero, el ideólogo, el jefe de la economía, de la cultura, de la sociedad, el árbitro social y político.  Sus ideas, enmarcadas en sus discursos, se convierten en dogma y la opinión expresa de los cubanos es copia a carbón de la del máximo líder.
Fidel Castro supone comunicarse directamente con el pueblo y encarnar las aspiraciones del pueblo, sin tener que depender de las asociaciones de masa o de los organismos oficiales.  Supone existir una relación directa y simbiótica entre el líder y su pueblo, que le permite dirigir la revolución en perfecta comunión con sus seguidores sin necesidad de cuadros intermedios.  Castiga y recompensa directamente, y solo existe en el país la autoridad que el emana, que no puede ser ejercida por otros sino por delegación de el.  En fin, un sistema monocratico digno de libros de textos de politología y sicología.
Este tipo de organización estatal es radicalmente diferenciable de la de los otros países socialistas.  En Cuba, solo un hombre decide el camino del país, solo Fidel Castro Puede decidir qué cambios o reformas son deseables y aceptables en cada momento y ordenar su implementación o su abandonado.
Derechos de Autor
              Pedro Ramón López Oliver. Libro: Cuba: Crisis y Transición. Copyright (c) 1992 by the University of Miami.  Publicado por el Centro Norte-Sur dela Universidad de Miami.  Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el mundo.  Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna sin permiso previo del editor.
2015 UN NUEVO ESCENARIO (II)
 “La historia de la humanidad no es la historia de la lucha de clases, sino el fruto de una lucha entre generaciones”. Ortega y Gasset
“es propio del cesarismo apoyarse justamente en la voluntad de aquellos a quienes aniquila políticamente” (Jerome Carcopino. Historiador romano.)

En la continuación de esta saga sobre el Escenario del 2015, analizare algunos aspectos muy puntuales y que considero serán influyentes en el acontecer nacional, entre ellos pudiéramos iniciar con la caracterización del medio político que origino el proceso que condujo a la actual crisis que identifica al país, estará obligatoriamente el relevo generacional, las acciones que tomara el desgobierno con la finalidad de sobrevivir en la tormenta que se avecina, algunos hechos que caracterizaron la llegada a la crisis y el papel de la ciudadanía en la búsqueda de soluciones a la salida de la crisis.
1958-1980.- El derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, llevo a Venezuela nuevamente a retomar el camino de la democracia; antes de 1958 y con posteridad a 1811, en el país tan solo se había disfrutado de un  trienio (1945-1948) con características democráticas, periodo este que permite con la promulgación de la primera Constitución Nacional democrática, sentar las bases para el nacimiento de un orden pluralista, en lo político, estrictamente participativo de todos los sectores socaires, de respeto de los derechos humanos y división de los poderes, consolidando el funcionamiento institucional del Estado de Derecho. El retorno a la democracia y una visión crítica de los errores del 45-48, con la aprobación de una nueva Constitución Nacional, con la participación libre y democrática, al igual que en el 47, se llega a un acuerdo de participación de los partidos políticos, que actúan como agentes, dentro del juego político, privilegiados de mediación entre el Estado y la Sociedad: el Pacto de Punto Fijo, que servirá de alianza para garantizar la gobernabilidad del nuevo gobierno.
Al presidente Rómulo Betancourt, nuevamente le corresponde encarar la difícil situación de la transición de la república a la democracia (anteriormente la correspondió en el año 1945). El Pacto de Punto Fijo se firmo el 31 de Octubre de 1958,las conversaciones iníciales se iniciaron en Nueva York, con los exilados políticos: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jovito Villalba, quienes firmaron la primera versión, sobre el mismo el historiador Ramón J, Velázquez en 1992, señalo: “Terminaron por aceptar la tesis de que el porvenir seria suyo, en la medida en que entendieran que el poder político es el producto de un conjunto de alianzas y acuerdos entre los diversos sectores que integran el país.”
El Pacto de Punto Fijo se constituye sobre las bases de: defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral: se explica allí que, cualquiera que fuese el partido que ganase las elecciones, los otros dos se opondrían al uso de la fuerza para cambiar el resultado; gobierno de unidad nacional: se formaría un gobierno de coalición y ninguno de los tres partidos tendría la hegemonía en el gabinete ejecutivo; los tres partidos se comprometían a presentar ante el electorado un programa mínimo común. Tal compromiso se establece dentro de las siguientes pautas: a) mantenimiento de la unidad en la divergencia, b) tolerancia y mutuo respeto, c) “libertad efectiva del sufragio”, d) “despersonalización del debate”, e) “erradicación de la violencia interpartidista”, f) defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral, g) defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, h) gobierno de “unidad nacional” (repartición del gabinete entre los firmantes mientras la democracia esté en peligro, y en caso de no desear formar parte del gabinete evitar la “oposición sistemática que debilitaría el movimiento democrático”),i)  “programa mínimo común” (“ningún partido unitario incluirá en su programa particular puntos contrarios a los comunes del programa mínimo”) j) “frente unitario” de candidatos, planchas y programa; en caso de amenaza real de reagrupamiento de los grupos antidemocráticos. k) “constitucionalidad estable que tenga en sus bases la sinceridad política, el equilibrio democrático, la honestidad administrativa y la norma institucional”. 
El día 6 de Diciembre de 1958, concluida la campaña electoral, los candidatos: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y el Contralmirante Wolfang Larrazábal, firman una declaración de principios y programa mínimo de gobierno, fundamentada en el contenido y el espíritu del pacto de Unidad suscrito el 31 de Octubre. Resalta en esta declaración el respeto absoluto a los resultados electorales y defensa del régimen constitucional, conformación de un gobierno de unidad popular, realizar una administración inspirada en un programa aprobado y suscrito por los tres candidatos presidenciales, se concluye señalando que  a los firmantes solo les anima “llevar a la conciencia de los venezolanos la convicción de que al terminar este proceso electoral, ejemplar en nuestra historia democrática, es indispensable  el  concurso  generoso  y  responsable  de  todos  sus  hijos  para realizar con sentido de permanencia la obra de recuperación democrática, cultural, espiritual y económica que reclama Venezuela”.
Constituido gobierno democrático (1959-1964), Venezuela disfruta por cuatro décadas de un amplio consenso alrededor de la gestión de gobiernos electos democráticamente, se logra establecer un ordenamiento que, con sus limitaciones y deficiencias, es el más próximo al ideal republicano y  democrático perseguido desde el inicio independentista. Se consolida la hegemonía de los partidos políticos y llega a ser determinante en el devenir del desarrollo democrático. Los venezolanos nos acostumbramos a convivir civilizadamente en paz y a gozar de una envidiable estabilidad política y socioeconómica, llegamos a ser en Latinoamérica ejemplo de crecimiento y desarrollo democrático. Pero a manera que el sistema democrático se desarrollaba, el igual que en el cuerpo humano un virus fatal estaba en formación. Venezuela económicamente se consolida dentro de una economía rentista petrolera, fortalecida en lo interno y lo externo. La actividad petrolera se vincula a la economía como una actividad productiva y como fuente rentística. Su influencia determinante se proyecta a lo económico, a lo sociopolítico, a lo cultural y en la institucionalidad del país ha sido profunda y contradictoria, lo que ha permitido que el Estado se haya amoldado al esquema rentístico.
Los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, con una gran visión de futuro, impulsaron la unificación de los mercados petroleros, para defender los interese de los países petroleros. Al momento el mercado petrolero se encontraba bajo el control de  siete grandes empresas, conocidas como “Las Siete Hermanas”, el 9 de septiembre de 1960, por iniciativa de los Ministros petroleros de Venezuela y Arabia Saudita, Pablo Pérez Alfonso y el jeque Abdulah Al Tariki, se procede a la creación de un denominado Compacto Petrolero: la OPEP. En la idea de la creación de la OPEP estuvo presente la visión de transformar la “cara rentista” " de las exportaciones en actividad productiva creciente en los países exportadores, por otra parte, se indujo el desarrollo del proyecto industrial-energético de Guayana, aprovechamiento del potencial hidroeléctrico y del hierro en Guayana, nace así la primera ciudad industrial planificada de Venezuela y Latinoamérica, Ciudad Guayana. Es la iniciativa que constituye una verdadera siembra del petróleo. Estas acciones traen como consecuencia el advenimiento de dos grandes instituciones empresariales nacionales: La Corporación Venezolana de Petróleos (CVP) y la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), en ambas prevalece el sentido de Producción y Exportación. Los ojos del mundo, especialmente Latinoamérica y el Caribe, se concentran en Venezuela, pero dentro de esas miradas se encuentra la de un dictador del Caribe: Fidel Castro.
Derrocado el dictador Fulgencio Batista, en Cuba, por la Revolución Cubana, bajo el liderazgo de Fidel Castro, en Latinoamérica nace la pasión por dicha revolución y la admiración de su líder, los ánimos juveniles y anti imperialistas y de odio hacia los Estados Unidos se enfebrecen y es así como los países de Latinoamérica empiezan a vivir un apasionado sentimiento revolucionario a imagen de lo cubano.
Fidel Castro es invitado a Venezuela en el año de 1959, dentro del marco de la conmemoración del derrocamiento de Pérez Jiménez, el 23 de Enero del 58, para el momento tenía solo días de haber derrocado la dictadura de Batista, y Wolfang Larrazábal U., Presidente de la Junta Patriótica, le invita y viene en agradecimiento al apoyo prestado por Venezuela, inclusive le había sido enviado un embarque de dos aviones con armas para la revolución. Fue una visita de tres días, pero donde se identifico la falta de empatía manifiesta desde el primer momento entre Betancourt y Fidel, posteriormente, las relaciones entre ambos gobiernos se dificultarán hasta llegar a la ruptura.
La reunión entre Fidel y Betancourt fue amistosa pero muy tensa, el objetivo principal del visitante era conseguir con el recién electo presidente un acuerdo de suministro petrolero, este le explica que si bien es cierto que en su gobierno va a reiniciar una política de “No” concesiones, al momento la producción y comercialización se encuentra en manos de las trasnacionales petroleras, las circunstancias del momento le hace imposible convenir en un intercambio de gobierno a gobierno entre Venezuela y Cuba, el pensar en una nacionalización inmediata era imposible ya que el ingreso petrolero constituía un 90% del ingreso fiscal y casi la totalidad del ingreso de divisas, mas el país atravesaba por una crisis financiera debido a fuga de capitales y la deuda dejada por el dictador de aproximadamente unos 4.000 millones de dólares. Castro le había indicado a Betancourt que nacionalizaría las empresas batisteras y norteamericanas, ante lo cual le señalo que no era lo mismo estatizar dos vetustas refinerías en Cuba que hacerlo con una producción que para el momento constituía el 46% de las importaciones petroleras de los Estado Unidos, recomendándole a su vez, lo indica así en sus memorias, que lo hiciera pero indemnizando las empresas, evitando en esa forma consecuencias negativas. El mismo Betancourt comentó tiempo luego que Castro no parecía escuchar los argumentos y seguía hablando que Venezuela y Cuba debían aliarse para enfrentarse a los EE.UU, y concluye: “Allí di por terminada la reunión”.
Castro regresó a Cuba y sacó de la manga el as escondido del petróleo soviético, pacto que al firmarse en 1960 ocasionó que las transnacionales petroleras cortaran los suministros que venían haciendo desde los yacimientos venezolanos. México se negó a suministrar petróleo a Cuba, excepto una pequeña cuota, con el alegato de que su producción si acaso alcanzaba para su propio consumo, y se ha dicho que Canadá hizo lo propio.  Al cortarse los suministros, Castro amplió el pacto con la URSS para la totalidad de suministros petroleros de la isla.
En el transcurrir del tiempo Castro en su afán de exportar la revolución cubana hace contactos con los grupos de extrema izquierda de Venezuela y fomenta el desarrollo de la guerrilla en nuestro país, inclusive el conocido Che Guevara intento venir a dirigir el  movimiento guerrillero, pero para ese momento el Partido Comunista estaba en proceso de análisis de retirada de la lucha armada, y el Che se vio en la necesidad de irse al Congo, para luego pasar a Bolivia. Como un elemento más de la intromisión abierta de La Habana en Venezuela podemos señalar la invasión por Machurucuto, una de las instrucciones de Fidel era que el éxito a obtener debía garantizar el acuerdo petrolero con Cuba, de esta manera queda demostrada la obsesión por apoderarse del recurso petrolero venezolano de parte de Fidel Castro.
La injerencia obsesionada Fidelista en el proceso democrático venezolano ha tenido como objetivo tanto la exportación de la revolución cubana y conseguir el ingreso a la economía cubana del potencial petrolero venezolano, lo que le garantizaría a Cuba una mayor independencia en  lo económico y en lo político, especialmente después de la caída del Muro de Berlín, entender este interés estratégico es poder entender la crisis que hoy azota a Venezuela.
Fidel Castro y su capacidad de seducción aunado a su carisma, ha sabido manejar estratégicamente los resortes que le allanen el terreno para el logro de su obsesión petrolera; hay dos actuaciones importantes que confirman su capacidad de seducción y su disposición de interferir en la vida venezolana. Cuando se realizo en Cuba…. (continua)


miércoles, 24 de diciembre de 2014

2015 UN NUEVO ESCENARIO. (I)
El año del 2015 constituirá obligatoriamente un nuevo escenario político, no tan solo para celebrar un año calendario, sino determinante en la vida de la reingeniería política de la nueva Venezuela, en este escenario encontraremos a un actor político, aunque posiblemente con métodos y comportamientos políticos no tradicionales, que ejercerá un papel muy definitivo en el devenir político: el ciudadano marginado de la política.
En trabajos anteriores he hecho referencia a la importancia que para la vida política nacional constituyo “La Generación del 28”, fue la incorporación a la lucha política de jóvenes estudiantes, sociedad civil y pequeños empresarios, los jóvenes estudiantes asumieron el liderazgo, sus actuaciones conformaron las bases para cambiar el escenario político y se hicieron lideres y conductores durante aproximadamente 50 años, en ellos hubo un elemento que los perpetuo en la vida política: vocación y entrega en las bases filosóficas de sus ideales,  mística en la lucha y  en la búsqueda de un nuevo ideal nacional y un profundo sentimiento por hacer de Venezuela un Venezuela libre, democrática y de todos y cada uno de los venezolanos, desarrollándose sobre una plataforma ideológica pluralista, de amplia participación ciudadana y con el afán de integrar a Venezuela a la modernidad del siglo XX.
Me refiero a la “Generación del 28” ya que si entendemos que el 2015 tiene que ser el año de la incorporación de Venezuela al siglo XXI, se nos hace necesario conocer y entender porque esa Generación, liderizo esa nueva Venezuela y cuál fue  el perfil de los integrantes de esa Generación.
El 2014 deja al país sumergido en un mundo de incertidumbres, de definiciones, en medio de una tormenta en donde la nave no tiene brújula, se la quitaron, no tiene capitán que la guie, el que la metió en plena tormenta murió, y la tripulación esta desesperada, agotada ante la incertidumbre de qué hacer ante un mar turbulento, con ignorancia de no saber donde nos encontramos, aunado al sentimiento de frustración, la desesperación de que el barco navega en sentido contrario debido a que quienes lo conducen son incapaces e ignorantes, unos, y otros piratas politiqueros que asaltaron el barco para llevarlo a un puerto incierto, pero será el sitio donde venderán el tesoro que pertenece a una tripulación que permitió, por su indiferencia, abulia y despreocupación que unos piratas se apoderaran de la mejor y más importante y significativa embarcación que existía en Latinoamerica y el Caribe.
Venezuela inicia un nuevo año bajo el dominio, arbitrariedad y descontrol de un desgobierno llevado por una elite de poder absolutista y donde prevalece la soberbia y prepotencia del poder y bajo la egida de fidelidad a que están obligados con un poder extranjero colonialista. Paralelamente  esa Elite de poder absolutista y anti-nacional, existe una clase política no identificada abiertamente, con la Elite oficialista que se ha hecho hegemónica e intolerante, que se considera, por estar integrada por representante de partidos políticos tradicionales o de nuevos, nacidos en la época del conflicto, ungidos de la conducción de una propuesta para el cambio que no han sabido delinear, que no han sabido hacerse creíbles, que se han hecho contradictorios, con el agravante que sus planteamientos son tan vacios que han originado mayor confusión en la población, falta de credibilidad y ausencia total de liderazgo. Agrupados en una organización sin consistencia ni base política se quieren constituir en los grandes árbitros del futuro nacional. Son tan hegemónicos como la elite oficialista, deliberan y deciden a espaldas del sentimiento nacional. Sus integrantes son políticos que han hecho de la crisis una gran oportunidad para tomar el rumbo y conducción del poder nacional. Se mantiene la tesis que hay que salir de los destructores de la institucionales democrática y generadores de la crisis política, sin mirar hacia adelante, “cualquiera es bueno, lo necesario es salir de los invasores colonialistas”, en el camino enrumbaremos el andar.
Los ciudadanos, sean del estrato social que sea, el pueblo general, los profesionales, los empresarios, los jóvenes estudiantes actores especiales de las generaciones de relevo, en los actuales momentos no ven, no encuentran, en la elite del oficialismo, ni en la elite de los partidos actuantes, espacio para hacerse participes o para hacerse exponentes de sus necesidades, aspiraciones o inquietudes, sobre soluciones a un futuro incierto. Se entiende que la solución del país está en la integración y la unión ante una propuesta nacional, todos alrededor de un  gran proyecto nacional, nunca un salto al vacío y menos conducidos por individuos carentes de esa mística y voluntad de servicio que caracterizo a la “Generación del 28”.
El oficialismo mediante una oferta demagógica, populista y con escondido personalismo, se adueñaron del país, un  grupo de “Notables”, guiados por el oportunismo y la aventura se hicieron cómplices, una población ingenua y cansada del abuso del clientelismos de la elite política que domino las últimas décadas del siglo pasado, se prestó mansamente a la oferta engañosa. Ese oficialismo arribista se adueño del país, irrespeto el Estado de Derecho, se legitimaron ilegítimamente y se apropiaron del patrimonio nacional, pisotearon el sentimiento nacional y nuestra historia, nos quitaron la dignidad nacional, nos quitaron la ciudadanía conquistada con esfuerzo y sangre y nos hicieron súbditos, no solo de ellos sin también de un país colonizador, antidemocrático y personalista. Nos invadieron como años remotos los hacían los piratas negreros y nos entregaron a una isla del Caribe para que su dictador dispusiera de nuestro futuro y de nuestro patrimonio.
La Elite política que se constituyo paralelamente a la hegemonía oficialista, se adueño del pensamiento nacional, no entendieron o no pudieron entender, que el advenimiento del nuevo oficialismo requería un cambio de mentalidad ante la realidad nacional y de impulsar un nuevo liderazgo creíble, que permitiera salir de los invasores destructores y darle al país un gobierno legitimo y creíble. No entendieron que el pueblo siguió y aclamo a los viejos líderes fundadores, porque ellos hicieron historia y dieron credibilidad con liderazgo. Salir de los invasores destructores de las instituciones democráticas, salvar el aparato productivo, salvar nuestra nacionalidad es fundamental, pero hay que saber salir. No lo entendieron, hicieron de la crisis un slogan que llevara a la ciudadanía a pensar que la solución estaba solo en manos de ellos, darle continuidad a la hegemonía de los partidos con menosprecio del sentimiento nacional. Salgamos de aquellos y después hacemos las correcciones. Se hicieron retóricos y loros agradables a los intereses de los destructores. Nos han venido proponiendo más de lo mismo. No han sido capaces de presentar una propuesta serie y creíble. Nos quieren llevar, bajo la justificación de que hay que salir de eso a costa de lo que sea, a continuar viviendo de las ofertas de la cúpula de partidos políticos, conformadas por arribistas negociadores de sus conveniencias e interés personales.
Vale recordar que la “Generación del 28”, nació en medio de una crisis histórica, política, social y económica, en una Venezuela que era propiedad de los grandes “señores”, que se hicieron dueños de Venezuela en nombre de la lucha independentista. Esa Generación de jóvenes nació para transformarse en los conductores de un país, darle democracia, darle dignidad y respeto a los derechos ciudadanos, de esa forma sacaron a Venezuela del atraso del siglo XIX y nos integraron al siglo XX.
Hoy cuando, después de 14 años de haber llegado al siglo XXI, al mundo de la globalización, cuando los venezolanos nos sentimos excluidos del desarrollo mundial, nos sentimos ciudadanos de tercera, llevados al mundo de las cavernas y el atraso tecnológico y del aislamiento internacional, necesitamos de una Nueva Generación imbuida de espíritu de crecimiento, patriótico y sentimiento nacional, con propuestas que nos lleven al crecimiento y desarrollo moderno y de gran credibilidad intelectual y moral, que tome el rumbo del país, mediante una propuesta que constituya una nueva alternativa, vial y creíble. Que nos coloque fuera de la dicotomía y la incertidumbre de Capitalismo o Comunismos, Socialismo o Dependentismo económico. Que nos coloque bajo la garantía de un gobierno que tenga sentido nacional, que nos coloque dentro del camino del crecimiento industrial,  fuera del rentismo petrolero y dentro del desarrollo de las grandes potencialidades que caracterizan a Venezuela. Que nos permita ser gobernados por los mejores y más capaces, por hombres que conciban al ciudadano como un ente de derechos y oportunidades, no un instrumento para llevar a incapaces y cargados de ambición desmedida al manejo del poder.
Una Tercera Vía, una nueva alternativa donde el venezolano vuelva a ser ciudadano de primera y no súbdito de una elite política y menos de un ente extraterritorial. Hacia la Venezuela que todos queremos.
Que se debe entender en nuestra realidad política nacional como esa Tercera Vía. En próximo trabajo trabajare para explanar la idea.