ATALAYA DE LA
HISTORIA.
¿Nos sigue determinando el pasado?
¿Requerimos de un cambio o crear una ruta? I

Genio
R. Lobo.
“Luis Castro Leiva, en
su estudio sobre la filosofía de la historia venezolana, dejo en el aire una
pregunta que no ha sido contestada, y quizás nunca lo sea: ¿es posible pensar a
Venezuela fuera de Bolívar?, o lo que es
lo mismo, ¿Qué destino hubiera tenido Venezuela si pudiera pensarse fuera de Bolívar?
La interrogante no es ociosa. El pensamiento bolivariano como filosofía
política, como origen y destino de la patria, es una surte sellada. Un
horizonte melancólico que nos obliga a dar testimonio del mártir de la
Independencia como al creyente de su fe”. (p.13) … “si la historia pareciera ser sin nosotros?
Irónicamente Alberto Barrera Tyszka escribe en un artículo periodístico: Por
supuesto que si somos unos apátridas. No lo susurramos con vergüenza, además.
Queremos que todo el mundo lo sepa, que se imprima, que se publique en el
periódico este domingo. Apátridas. Es una esdrújula maravillosa, tan sonora.
Eso queremos ser. No nos interesa nada la patria del poder… No pertenecemos, ni
deseamos formar parte de la patria que Nicolás Maduro invoca cuando agita la
venezolanidad y apela a nuestra herencia heroica, a nuestro destino de glorias
guerreras.” (p.17) La Herencia de la Tribu. Ana Teresa Torres.
Dedicatoria:
A mi hija Sussy, mi primogénita, semilla concebida hace
49ª,
primor de mi unión matrimonial y mi compañera, junto
a su madre a mi acto de graduación, (50a) final de una
etapa e inicio de una nueva.
A
mis dos hijos varones: Javier y Carlos. (Hoy de
cumpleaños)
A una madre
dedicada a sus hijos: Raizza
“Hay
pasados que no terminan de irse” (La Herencia de la
Tribu).
Doy
inicio a una saga que trata de incursionar por los intricados caminos de la
historia de nuestros nacionalidad, si así se puede entender, analizando hechos
históricos que caracterizaron al país en su nacimiento, tratare de presentar un
análisis que nos distancie de la mitología y nos lleve a conocer una historia
que nos induzca a lograr nuestra identidad y visión de país, hasta el momento
perdida en una narrativa belicista, pintoresca, perdida en las lianas de una
selva de heroísmo y ausentismos, es el relato heroico el que ha prevalecido,
con desmedro de la producción social y cultural ejecutada por los ciudadanos. Porque
nuestros ancestros, al igual que el conquistador, se perdieron en la búsqueda
de “El Dorado”, ¿si este ha sido nuestra cuna.? Cabe destacar que el ciudadano
como colectivo no se siente orgulloso de la construcción de la civilidad, no se
le ha permitido sentirse actor de su propia historia, solo ha sido utilizado
por los héroes o actores políticos, de ahí, se hace valido el criterio de que
“La atención publica ha estado siempre saturada por la clase política, es
decir, por los profesionales del poder”. (La Herencia de la Tribu).
En su primera parte este
trabajo comprenderá el análisis de momentos determinantes como el:
descubrimiento y conquista, la colonia, 19 de abril, 5 de julio, Congreso de
Angostura, gesta independentista, separación de la Gran Colombia, la Guerra
Federal, héroes y caudillos hasta la llegada de los Andinos al poder.
El día a día de los
venezolanos está determinado al momento por la incertidumbre y desconcierto
ante una crisis política, social y económica que no presenta alternativas de
solución, una crisis a la cual no se le ha sabido conseguir ni sus causas ni su
solución; los políticos cabalgan sobre ella sin rumbo determinado, los
historiadores, intelectuales, analistas y muchos mas han ido a la búsqueda de
distintas y variadas causas, muchas en la especulación del proceso económico
que oriento el proceso democrático nacido a partir de mediados del pasado
siglo, otros han cargado la responsabilidad a los partidos políticos y sus
principales activistas; lo grave no es solo la crisis en si misma sino la
ausencia de una propuesta de rumbo para salir de la misma, la prevalencia de
los intereses personales o de parcialidades políticas, el no entender que
mientras no exista un plan de ruta que nos indique hacia donde se debe ir, el
porque es ese el lugar a donde se debe ir, se nos hace más difícil lograr la
ruta y la meta.
En el análisis al que doy
inicio pretendo adentrarme en el proceso histórico tanto nacional como
continental, incluyendo antecedentes y hechos que contribuyeron al nacimiento
de nuestro país, para reburujar en la
búsqueda de circunstancias que han podido determinar nuestro nacimiento como
país, como Estado, nuestra identidad nacional, nuestra visión de nación, si la
hay y de no haberla saber por que no existe, el porque de los mitos de los
héroes y sus consecuencias, la ideología de la cultura racista dominante, el
caudillismo, la influencia determinante de una economía petrolera o de minería
de extracción, hacia ello ira este análisis.
El filósofo Yeshayahu
Leibowitz afirmó que un pueblo no es una realidad objetiva, sino el producto de
la conciencia subjetiva. Para Leibowitz, un pueblo existe en la medida en que
un colectivo se reúne con la conciencia de formar una nación y que esta
conciencia se transmite de generación en generación. Es una conciencia con una
«duración histórica» que no es consecuencia de la «realidad» llamada pueblo,
pero es causa y condición de su existencia.
Los venezolanos hemos ido
construyendo nuestra propia memoria historica y que podemos entender como
afrenta hacia el futuro, o nuestra responsabilidad, analizada a traves de los
hechos históricos, para definir nuestro futuro, en especial por el momento de
crisis que nos azota. Entender el proceso de conquista y colonización de
nuestra América nos lleva a revisar dos historias: la de Europa y muy
especialmente la de España, donde, para el momento, coexistía una diversidad
cultural y una crisis en la monarquía borbónica de España, donde se sucedieron
hechos en los inicios del siglo XVII
(1800), la invasión de Napoleón, que llevan a la monarquía Española a una crisis generalizada influyente en la transformación de las colonias hispanoamericanas en Estados independientes, tema casi olvidado o no bien estudiado en sus dimensiones reales; en segundo lugar la americana, donde intervinieron tanto hechos como causas diferentes en los orígenes de la conquista, tanto en lo político como en lo religioso y cultural. Cabe preguntar: ¿Tales hechos fueron determinantes en moldear e influir nuestra existencia?, ¿A más de quinientos años podemos borrar el ancestro cultural de las sociedades que habitaban este continente? ¿Se origino “un nuevo mundo” o fue “el final de un viejo mundo”? ¿Ese habitante, ese indio, habitante milenario, sometido a la barbarie de un sistema desconocido y cruel, ha sido subestimado e ignorado como sujeto de historia? ¿Es o no obligante revisar esa historia, es obligante o no, revisar los métodos de enseñanza de los jóvenes sobre la vida y las culturas autóctonas? Donde han quedado las subyaciencias arquetipales, los aportes mitológicos y cosmogónicos, las expresiones científicas de una cultura milenaria que por ser diferente, puede considerarse menos valiosa? ¿Existe o no, en las capas dirigentes de América Latina una responsabilidad histórica ante lo que fuimos ayer y lo que somos hoy? (Carmen Aranguren R. ULA. 1992).
(1800), la invasión de Napoleón, que llevan a la monarquía Española a una crisis generalizada influyente en la transformación de las colonias hispanoamericanas en Estados independientes, tema casi olvidado o no bien estudiado en sus dimensiones reales; en segundo lugar la americana, donde intervinieron tanto hechos como causas diferentes en los orígenes de la conquista, tanto en lo político como en lo religioso y cultural. Cabe preguntar: ¿Tales hechos fueron determinantes en moldear e influir nuestra existencia?, ¿A más de quinientos años podemos borrar el ancestro cultural de las sociedades que habitaban este continente? ¿Se origino “un nuevo mundo” o fue “el final de un viejo mundo”? ¿Ese habitante, ese indio, habitante milenario, sometido a la barbarie de un sistema desconocido y cruel, ha sido subestimado e ignorado como sujeto de historia? ¿Es o no obligante revisar esa historia, es obligante o no, revisar los métodos de enseñanza de los jóvenes sobre la vida y las culturas autóctonas? Donde han quedado las subyaciencias arquetipales, los aportes mitológicos y cosmogónicos, las expresiones científicas de una cultura milenaria que por ser diferente, puede considerarse menos valiosa? ¿Existe o no, en las capas dirigentes de América Latina una responsabilidad histórica ante lo que fuimos ayer y lo que somos hoy? (Carmen Aranguren R. ULA. 1992).
Estas
y muchas otras preguntas tratare de descifrar en el presente trabajo, donde
colocare al indígena en su cultura, con sus ancestros, junto a un conquistador
que llego a nuestro continente, unos en la búsqueda de las riquezas para
satisfacer las necesidades de la corono española y cumplir así con su condición
de vasallo y otro que agotado por las presiones religiosas y la impotencia de
realización de sus sueños tuvo que emigrar en la búsqueda de nuevos espacios. Tanto
el conquistador español como el inglés, trajo una cultura, y fomento una
cultura, ambos terminaron con un “viejo mundo” y sembraron, “un nuevo mundo”.
Cual ha sido nuestra herencia a traves de los tiempos. Entender esa herencia,
su uso, el camino recorrido y el por recorrer, constituye una gran tarea. Los
denominados Padres de la Patria en Norteamérica fomentaron una filosofía
dirigida a crea una nación, en Estado nuevo, independiente dotado de identidad
propia, para el futuro, en Latinoamérica se formo un pensamiento de solidaridad
con la corona española, no una independencia total contra España.
“en nuestra memoria colectiva,
la aventura de los conquistadores evoca imágenes de triunfo, de riqueza y de gloria,
y aparece como una epopeya. La
historiografía occidental asocia el descubrimiento de América” a los conceptos
de "renacimiento “y de “tiempos modernos”; la expedición de Colón coincide
con el comienzo de una nueva era. Pero
se trata de una nueva era para Europa.
Desde la perspectiva de los indios vencidos la conquista significa un
final: la ruina de sus civilizaciones.
(Watchel, N.,1976, p.35).
Próxima entrega: “Conquista,
colonización y nuestra herencia”